Las estepas de Siberia…
Semana 4
Seguimos nuestro camino y ya estamos a punto de entrar en la mitad norte de la península ibérica, pero antes, esta semana, unos cerditos, unos mosaicos romanos, un viaje por Siberia y cuatro avutardas…
Esta semana…
Salida
Llegada
Distancia
Río Tinto (ES)
Sierra de Gredos (ES)
805 km
Estadísticas generales de la aventura hasta hoy.
Distancia total (km)
Gasoil (L)
Países visitados
3.724 km
570 L
2
Empezamos la semana en Extremadura (donde nos hemos quedado casi toda la semana). Si los jamones de pata negra son el producto estrella de la región, cabe decir que Extremadura tiene mucho más que ofrecer que paisajes típicos de encinares con cerditos negros. En realidad, nos costó bastante llegar a ver dichos cerditos, y creo que hemos visto más ovejas y vacas que cualquier otra cosa en todas nuestras vueltas por la región… 🤔
Para que no sea dicho, pero, procuramos pasar nuestra primera noche extremeña en una zona de encinares, cerca (pero no demasiado tampoco 🤢) de una dehesa, estas fincas de postal donde unos cerditos negros se pasan los días comiendo bellotas debajo de encinas plantadas sobre una alfombra de hierba verde… Antes de esto, nuestra primera parada fue Jerez de los Caballeros, un gran pueblo blanco encaramado sobre una colina y rodeado de robles y olivos, a sólo 18 kilómetros de Portugal. Jerez de los Caballeros es ante todo un pueblo con un impresionante patrimonio, herencia del hecho de que, hace mucho tiempo, el pueblo fue ofrecido a los Templarios por el rey Fernando III de Castilla. De aquí también viene su nombre (“de los caballeros”… templarios).
En términos de patrimonio, pero, nuestra etapa siguiente nos dejaría aun más impresionados. En el año 25 a.C., el emperador romano Augusto ofreció a los soldados veteranos de sus legiones V (Alaudae) y X (Gemina), ambas enviadas a la Galia para derrotar a Vercingétorix, un lugar donde descansar de su buen y leal servicio. Construyó una ciudad con todas las comodidades modernas de la época (agua corriente, alcantarillado, termas públicas y privadas, etc.). Esta ciudad destinada a soldados “eméritos” recibió el nombre de Augusta Emerita y se convertiría en una de las ciudades más importantes de la Hispania romana y en la capital de la provincia de Lusitania.
Decir que la Mérida actual es una “ciudad monumental” es quedarse corto. Es uno de esos lugares en los que basta rascar un poco el suelo para descubrir un mosaico o un templo romano, una tumba cristiana o una fortificación árabe. Todas las grandes etapas de la historia española parecen confluir aquí, en distintos estratos superpuestos. Aparte de su Alcazaba (fortificación árabe) y su iglesia de Santa Eulalia (mártir católica quemada por los romanos enterrada allí mismo y parcialmente conservada en un frasco de vidrio), el patrimonio más impresionante de Mérida, y con diferencia, son sus restos romanos, que incluyen un teatro y un anfiteatro, un acueducto de casi 30m de altura con 3 arcos superpuestos, el famoso Templo de Diana y decenas de columnas de piedra o mármol, un arco triunfal, termas, etc, etc. Es un poco como caminar por Roma, pero con un toque más… ¡provincial! 😁
Después de todo un día deambulando entre columnas y mosaicos, volvimos un poco atrás para instalarnos cerca del pueblo de Alange (conocido también por sus termas romanas, aunque éstas ya han sido transformadas en balneario de lujo por un empresario local poco preocupado por el carácter “público” del patrimonio histórico). Además de sus baños termales, Alange también cuenta con un embalse rodeado de prados verdes casi fluorescentes. Allí nos encontramos (sin tener que buscar demasiado) decenas de gansos salvajes, cormoranes, patos de todo tipo (incluida una pareja de patos silbadores), así como una espátula y un pequeño grupo de charranes, probablemente de camino al océano. .. ¡Suficiente para estar 2 días disfrutando sin movernos de allí! 😜
Existe una parte de Extremadura donde coinciden cinco ecosistemas, además de buitres, cigüeñas y ovejas que comparten el mismo color: el negro… Antiguamente, esta región se llamaba “Los Montes y los Lagos”, hasta que un embajador español que conocía las estepas de los zares dijo que esta tierra de Badajoz le recordaba a la de Rusia. La comparación agradó y allí se quedó. La Siberia Extremeña tiene estos sorprendentes paisajes esteparios y sobre todo, el Cerro Masatrigo, junto al cual pasamos una noche, a orillas del embalse de La Serena.
A escala local, el Cerro Masatrigo es una montaña… Si queremos ser quisquillosos, probablemente deberíamos decir que es una especie de colina cuya particularidad es su forma perfectamente cónica, que emerge del agua de una forma tan geométrica que uno casi podría dudar de su “naturalidad”. Y sin embargo, aquí la mano del Hombre no ha intervenido de ninguna manera, y el cono del Cerro Masatrigo es sólo obra de Madre Naturaleza. Bueno, vale, que surja del agua, eso se debe a la mano del Hombre… si Franco no hubiera hecho construir toda una serie de embalses en la región (convirtiéndola en la zona de España con el litoral interior más extenso), el Cerro Masatrigo no emergería del agua como una Venus encima de su vieira… Con la carretera que lo rodea en su base, el Cerro Masatrigo es, de hecho, la rotonda más grande de España, con 1,3 km de diámetro…
En esta Siberia multicolor encontramos también ovejas merinas negras (la cabeza es negra… la lana no… 🤓) y el pueblo natal del Gigante extremeño, Agustín Luengo, que con sus 2,35 m fue el segundo español más alto de la historia, y el más alto de su tiempo (1849-1875), hasta el punto de que el Museo de Antropología de Madrid le pagó una anualidad durante toda su vida a cambio de poder recuperar su esqueleto, una vez muerto…
Para cambiar un poco de embalses, cruzamos toda la Siberia extremeña (y aquí, ningún transiberiano…) para ir a hacer una pequeña visita a la Madre de todas las Españas… ¡Sólo eso!
Vírgenes hay bastantes (sobre todo en España)… Vírgenes que se aparecieron una buena mañana a un pastor, a un campesino o a una muchacha que iba a buscar agua, también hay unas cuantas. Pero Vírgenes que facilitaron el descubrimiento de América y así se convirtieron en LA virgen de todo un continente (por no decir un imperio), hay que admitir que no son algo común…
Pues bien, fue también en Extremadura donde dicha Virgen se apareció, un día, a un campesino, dando lugar a la construcción de una ermita (primero) y luego, bajo la dirección de un rey de la época, de una basílica flanqueada por un Monasterio Jerónimo que posteriormente sería confiado a los franciscanos, tras la expulsión de los primeros. Estamos hablando del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe.
El monasterio es “real” porque todos los reyes de España, sin excepción, deben pasar por aquí al menos una vez durante su mandato como rey, y sobre todo porque es allí donde los Reyes Católicos venían a pasar parte de su tiempo, recibían su invitados, y se dedicaban a sus ocupaciones de reyes de la época (mucho antes de Baqueira, Mallorca y Dubai…). Para que conste, por el monasterio de Guadalupe han pasado un montón de personajes ilustres, pero uno de ellos vino allí tres veces. Fue aquí donde Cristóbal Colón convenció a los reyes de España de la validez de sus fantasías de mar abierto. Fue aquí donde un determinado día de abril de 1492 (el 30 exactamente), después de haber recibido por segunda vez a Colón en el monasterio, los Reyes Católicos enviaron una Real Provisión «dirigida a ciertos vecinos de Palos (de la Frontera) para que entreguen a Cristóbal Colón dos carabelas«. Y también fue aquí donde, en 1493, Colón regresó victorioso, de acuerdo con la promesa escrita en su cuaderno de bitácora de rendir gracias por el descubrimiento de América. El 29 de julio de 1496, los indios americanos trasladados al viejo continente como sirvientes fueron bautizados aquí, convirtiendo de paso a la Virgen de Guadalupe en la que había permitido a Colón descubrir América, abriendo la puerta a la conversión (no siempre voluntaria) de los nativos locales, y haciendo de Guadalupe la Virgen de todo el continente americano o, al menos, de toda su parte hispanohablante (de ahí su título de Virgen de todas las Españas)…
La visita al monasterio es sin duda un pelín “religiosa” y “bajo estrecha vigilancia” (fotos prohibidas, entre otras cosas), pero aun así merece la pena ver el claustro y el relicario donde se guardan los huesos y restos de cuerpos de decenas de mártires, además de tres coronas de la Virgen de Guadalupe que, por sí solas, al precio actual de los diamantes y otras piedras preciosas que contienen, bastarían para pagar la deuda de unos cuantos países pobres. Entre las donaciones que hicieron unos particulares al monasterio, encontramos incluso 2 Rubens y 1 Goya… Ser Madre de todas las Españas sin duda merece la pena…
Para cambiar de tanta santidad, decidimos pasar una noche en los Llanos de Cáceres, al límite del Parque Nacional de Monfragüe. Este es el territorio de las avutardas, y con nuestros binoculares y una copa de vino en la terraza de Marvin, estábamos súper preparados para escrutar los alrededores y pasar lista de las avutardas…
Resultado: ¡4 avutardas (3 machos y una hembra)!… Bueno, cierto, estaban bastante lejos, ¡pero aún así!… Incluso tuvimos la oportunidad de ver una de estas cohortes de satélites de Starlink que cruzó el cielo frente a nosotros. Es como ver un trencito iluminado en el cielo, con los satélites desapareciendo de uno en uno cuando salen del cono de luz solar…
Avutardas o no, empezaba a hacer un poco de calor en las llanuras, así que decidimos volver a cierta altura para tomar un poco de aire fresco, aunque sólo fuera por una noche o dos. Dimos un salto de casi 200 kilómetros hacia el norte para llegar a la Sierra de Gredos, a unos cincuenta kilómetros de Ávila. Así abandonamos Extremadura para hacer una breve incursión en Castilla-La Mancha antes de regresar a Castilla-León por una carretera desde la que se contemplaban unas preciosas vistas de las cumbres aún nevadas de la Sierra de Gredos. Después de una pausa en Arenas de San Pedro, un gran pueblo al pie de la montaña, pasamos el Puerto del Pico (1.352 m) y nos instalamos en la orilla de un bosque de pinos, con vistas a los picos nevados de en frente y sin nada a menos de 10 km alrededor ! Aquí acabaremos esta cuarta semana de viaje, después de descubrir la diferencia entre una «cascada» (cuando el agua cae de una roca) y una «chorrera» (cuando la roca es menos inclinada y el agua sólo se resbala por encima de ella)…
La semana que viene, seguimos por Castilla y León y… ¡tal vez hasta un poco más al norte!…


























































































