Cambio de tiempo…
Semana 6
Sexta semana de viaje, marcado por un cambio significativo: hemos pasado de cielos azules y calor veraniego a tener que volver a poner la calefacción y buscar alternativas para días lluviosos. Esta semana, minas de oro, tierras de osos, unas cuevas y nuestro regreso al océano…
Esta semana…
Salida
Llegada
Distancia
Embalse de Villameca (ES)
Embalse de Alsa (ES)
644 km
Estadísticas generales de la aventura hasta hoy.
Distancia total (km)
Gasoil (L)
Países visitados
5.148 km
828 L
3
Empezamos la semana donde habíamos terminado la última, en la orilla del embalse de Villameca donde nos quedamos 3 días, maravillados por la belleza de esta zona. Eso era sin saber que lo que nos esperaba un poco más arriba era aun más impresionante, con montañas con aires alpinos llegando hasta la orilla del océano. Para empezar la semana, pero, llegamos casi hasta Galicia, para visitar las antiguas minas romanas de Las Médulas.
Las Médulas
Al principio había una montaña, o mejor dicho, una gran colina, o tal vez incluso varias. Los astures, pueblo indígena prerromano que vivía por aquí, habían entendido que las arenas rojas de la zona contenían algo más que conglomerados y lograron extraer un poco de oro de los arroyos para fabricar joyas, broches o pulseras. La noticia llegó a oídos de Roma que, en el siglo II a. C., había invadido la provincia y reclutado a los astures como mineros para seguir extrayendo oro de Las Médulas, pero a mayor escala.
La necesidad de oro de los romanos era mucho mayor que la de los astures, hasta el punto de que Las Médulas se convirtieron en la mayor mina de oro a cielo abierto del imperio, y el propio emperador Augusto supervisó los trabajos para establecer una ciudad en Asturica Augusta (hoy Astorga) para poder controlar y garantizar la seguridad del transporte del oro de Las Médulas hacia el resto del imperio, y hacia Roma, pasando entre otras por Emerita Augusta (hoy Mérida) por la Vía de la Plata que unía ambas ciudades.
Entre el siglo I a. C. y el siglo III, las obras de ingeniería llevadas a cabo por los romanos para extraer el mineral mediante el método de ruina montium provocaron tal alteración del entorno que las colinas iniciales desaparecieron y fueron sustituidas por un paisaje de color rojizo arenoso, parcialmente cubierto de castaños y robles. Un paisaje que refleja las modificaciones provocadas por las obras de extracción, desde la desaparición de montes y la canalización de sus derrumbes hacia lugares específicos para su posterior tamizado y filtrado, hasta la creación de un lago artificial gracias a los sedimentos acumulados, el lago de Carucedo, así como la inmensa infraestructura hidráulica construida, con más de 400 kilómetros de canales, algunos de los cuales superan los 100 kilómetros de longitud.
La técnica utilizada por los romanos (el ruina montium) consiste en cavar túneles sin salida en la montaña y luego llenarlos gradualmente con agua para ablandar las arenas arcillosas hasta que la montaña se derrumba por su propio peso. Sólo queda entonces buscar entre los escombros y recuperar el oro…
El resultado recuerda un poco a un Bryce Canyon en miniatura (sobre todo con nieve, según las fotos que vimos en el pueblo). Cuesta imaginar, caminando entre las chimeneas de arena rojiza, que aquí hubo un día una colina, y que todo lo que falta fue cuidadosamente raspado, derrumbado y rastrillado por los romanos para extraer oro… En 1997, la UNESCO declaró Las Médulas como Patrimonio de la Humanidad. La delegación tailandesa se opuso a la decisión, considerando que el sitio era el resultado de una actividad humana destructiva, que iba en detrimento de la causa de la protección del medio ambiente. Alemania y Finlandia suscribieron a esta posición. Nuestra opinión sobre esta cuestión importa poco, pero el hecho es que Las Médulas ofrecen un paisaje singular que merece, definitivamente, la pena conservar…
Asturias
Para salir de Castilla y León remontamos el valle del río Sil y bordeamos los Ancares, esta pequeña comarca que permaneció tan aislada del resto de España hasta el siglo XX que tiene su propia lengua, su propia arquitectura, etc. Bueno, vale, los que conocen España dirán que aquí no es realmente un logro tener una lengua propia. Tal vez… Pero sea como sea, el valle del Sil nos llevó a la comunidad autónoma vecina: Asturias, oficialmente Principado de Asturias (por favor), formado por una única provincia, y que tiene rango de principado por el hecho de que el heredero de la corona de España es automáticamente príncipe de Asturias. La actual Princesa de Asturias es, por lo tanto, la Princesa Leonor, hija mayor del Rey Felipe VI y la Reina Letizia.
Historias de realeza aparte, Asturias es también la patria del oso pardo cantábrico, el original, el que resistió al Hombre y nunca necesitó ser reintroducido (a diferencia de su primo de los Pirineos). Hay que decir que en términos de territorio, ¡aquí los ositos tienen más que suficiente para vivir felizmente!… Montañas (hasta 2.000 m sobre el nivel del mar) con impresionantes laderas cubiertas de páramos de brezos y bosques de castaños, y sólo 1 millón de habitantes en una superficie de 10.000 km2, agrupados principalmente en las ciudades del norte (Oviedo y Gijón). Cuando se llega por el puerto de Somiedo (al sur), como en nuestro caso, impresiona ver cómo la carretera (bastante buena y ancha hasta entonces) se reduce a la mitad y se inclina hasta un 13% para llegar a un desnivel negativo de más de 1.000 m en tan sólo 11 km. Y nada más llegar abajo volvimos a subir hacia el puerto de San Lorenzo (850 m de desnivel, positivo esta vez, en la misma distancia de 11 km) para pasar al siguiente valle. ¡Creo que nunca hasta hoy habíamos tenido que subir una cuesta en segunda o tercera durante tantos kilómetros! Baste decir que el día fue un poco duro para Marvin, porque después de una subida lógicamente viene una bajada y los frenos sufrieron tanto como el motor!… Había como un olor a “caliente” cuando llegamos a nuestro punto de llegada… 🤓
Pasamos la noche en el Alto la Cobertoría, a 1.300 m de alçada, pero el inconveniente de estar tan cerca del océano es que el clima es claramente… oceánico. Todo el mundo podrá confirmar que en Asturias, como en Galicia o en Euskadi, todo es muy verde… ¡Ya… por algo será! 🤓 Pasamos la noche en las nubes, como fue el caso muchas veces durante nuestra travesía de los Pirineos…
Por lo demás, nuestro paso por Asturias coincidió no sólo con el día de Sant Jordi (fiesta del libro y la rosa), si no también con el Día Mundial de la Tierra. Lejos de cualquier afán de proselitismo, sólo quería recomendar la lectura de un artículo de Craig Foster (autor del documental “My Octopus Teacher”, sin duda aún disponible en Netflix) en el New York Times, que con mucha razón avanza que la idea de “salvar la naturaleza” es una mala idea. La naturaleza está muy bien sin nosotros y se recuperará muy bien, de una forma u otra, si nuestra especie viniera a extinguirse. El objetivo de la conservación debería ser más bien el de “salvar a la humanidad”, porque sin una naturaleza sana, tenemos los días contados… Por nuestra parte, celebramos el Día de la Tierra atravesando 2 Reservas de la Biosfera (Ancares Leoneses y Valle de Laciana), y 3 Parques Naturales ( Babía y Luna, Somiedo y Las Ubinas – La Mesa, al lado del cual pasamos la noche). Tras su depresión postindustrial, Asturias está invirtiendo en el turismo de naturaleza y parece haber entendido que la presencia del oso era un activo importante, y que bastaba con complementarlo con unos cuantos espacios naturales protegidos y unas pinceladas de patrimonio cultural para tener un producto robusto para ofrecer…
Un estudio realizado por economistas de la Universidad de Oviedo reveló que la presencia del oso genera alrededor de 20 millones de euros al año en la Cordillera Cantábrica, gracias al turismo, y crea alrededor de 350 puestos de trabajo. Sabiendo que anualmente se pagan entre 200.000 y 300.000 euros por daños causados por la especie, parece que los resultados son bastante rentables.
Más del 50% del territorio asturiano está protegido, y la Comunidad alberga, entre otras cosas, el paraje más protegido del país, la Reserva Natural Integral de Muniellos, donde sólo pueden entrar 20 personas al día para tener el privilegio de pasear por el robledal más grande de España y uno de los mejor conservados de Europa. Unos restaurantes auténticos para disfrutar de una buena fabada o de una buena sidra, y ya tenemos un modelo de negocios que ha demostrado su eficacia y está dando sus frutos…
Playa de Vega
No nos vino a visitar ningún osito durante nuestra noche en el Alto la Cobertoría. Hay que decir que con la lluvia, las temperaturas bajaron drásticamente, ¡llegando a -5ºC!… 🥶 Teddy probablemente debía estar bien calentito en su guarida… En la mañana, cuando abrimos las ventanas, encontramos los restos de lluvia congelados en el tejado… Un sol brillante llegó rápidamente para calentarlo todo y nos obsequió con un espléndido panorama de las cumbres alrededor (incluido el macizo de las Ubiñas, un gran grupo de picos rocosos, justo delante nuestro…). ¡Las montañas de por aquí son realmente impresionantes! No son muy altas, pero sí muy empinadas y con un toque claramente alpino.
Después de unas cuantas fotos, volvimos a poner rumbo al valle, hacia el pueblo de Pola de Lena, capital del valle del mismo nombre. El pueblo en sí no tiene nada excepcional, pero lo que nos sorprendió gratamente fue la amabilidad de la gente por aquí. Todo el mundo es extremadamente cortés, siempre dispuesto a ayudar o dar información, y todos muy abiertos a turistas como nosotros, en un camión grande y extraño, para ser un pueblo de montaña…
Ya sólo nos quedaba recorrer los 100 kilómetros que aún nos separaban de la costa cantábrica, en el norte de España, y llegar al océano que habíamos visto por última vez en Doñana… “Tocamos mar” (si se dice “tocar tierra” cuando uno navega, ¿cuál es el equivalente cuando se va hacia el mar? 🤔) en la bien llamada Costa Verde, y más precisamente en la playa de Vega. La costa aquí poco tiene que ver con la de Cádiz y sus playas inmensas. Aquí, la Sierra Cantábrica, incluidos los Picos de Europa (con el tercer pico más alto de España, con 2.650 m), discurre literalmente a lo largo de la costa a menos de 50 km de distancia, y en algunos puntos llega directamente hacia el océano. Las playas quedan así reducidas a la nada entre acantilados que se desmoronan poco a poco con las olas y, en general, se llega a ellas por senderos súper empinados que descienden hasta la arena (salpicada de guijarros o rocas, según el lugar) entre dos prados donde pastan tranquilamente unas vacas (de pelo largo).
Un litoral rocoso y accidentado donde el verde de la hierba se une con el azul del océano o el rojo de la tierra de un acantilado. El tiempo era bastante agradable hoy (fresco pero soleado), pero aparentemente mañana llegan perturbaciones… Afortunadamente, este día de respiro nos dió tiempo para reparar la chimenea de la campana extractora de Marvin donde ayer entró agua (el Sika estaba completamente comido por el sol y ya no era impermeable). Nuestra parada en Pola de Lena nos permitió comprar un cartucho nuevo en una tienda de bricolaje, y en la tarde hicimos un poco de bricolaje… ¡Estamos preparados para el próximo día de lluvia!…
El Soplao
El tiempo para los próximos días es bastante deprimente… Lluvia hasta al menos el martes (y los días siguientes no son mucho mejores pero las previsiones a largo plazo son menos fiables)… La costa cantábrica está bonita… ¡Es verde!… 🤓
Tener una súper vista sobre el océano està muy bien, pero cuando el cielo está tan bajo que ya no ve la diferencia entre el agua y las nubes, no es muy útil… Así que buscamos alternativas. Decidimos que acercarnos a los Picos de Europa con este tiempo sería bastante inútil, ya que no veríamos ni la mitad de las montañas. Miramos qué había al otro lado (hacia el sur) y si hacía mejor tiempo allí, pero… no mucho. Miramos más hacia el este, a ver si con una etapa más larga y llegando antes a Francia, por ejemplo, nos ahorrábamos la depresión, pero no… Y luego pensamos en los lugares donde no llueve, y en nuestra lista, teníamos catedrales, museos y cuevas. Hicimos un buen recorrido por catedrales la semana pasada. Museos, no se puede decir que hayan muchos por aquí, a menos de llegar a Bilbao (está el Museo del Jurásico Cantábrico con sus dinosaurios a tamaño real, o el Museo de los Indios y la Emigración Cantábrica, pero bueno… 🙄). Por otro lado, buscando un poco más, descubrimos que Cantabria, la Comunidad autónoma vecina de Asturias, por donde íbamos a pasar de todas formas, era conocida por sus cuevas (dos de las cuales están catalogadas al Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) y el arte rupestre que albergan la mayoría de ellas…
Unas cuantas búsquedas más tarde, teníamos dos candidatos bastante cerca de nosotros (incluido uno de los sitios del Patrimonio Mundial). Sin embargo, quienes siguen este blog con asiduidad sabrán que en España hay muchos embalses. Y resulta que uno de esos embalses fue construido muy cerca de la cueva en cuestión, por lo que ahora sólo es accesible cuando el nivel del agua está en su nivel más bajo, el fondo de la cueva bañándose felizmente cuando el embalse tiene más agua. Alerta spoiler, cuando llueve los embalses se llenan, y ahora mismo está lloviendo… 🤔
Así que nos decidimos por nuestro segundo candidato, la cueva del Soplao, un yacimiento no clasificado pero igual de excepcional (al menos en nuestra humilde opinión). El Soplao es en realidad una antigua mina de plomo y zinc, que permaneció activa hasta finales del siglo pasado. Pero he aquí que, mientras cavaban sus túneles para encontrar los minerales, los mineros se toparon con una cueva natural. Cuando esto sucede, el aire de la cueva (que generalmente tiene una presión diferente a la de los túneles mineros, ya que estos últimos se comunican con el exterior) se escapa hacia el interior de la mina, creando una corriente de aire o “soplado”. . De aquí viene el nombre de la cueva…
Toda la cueva cuenta con más de 20 km de galerías, pero sólo se puede visitar una pequeña parte. La particularidad de la cueva del Soplao es que las formaciones que alberga se formaron principalmente por capilaridad (a diferencia de las estalactitas y estalagmitas que se forman por gravedad). El resultado es que, además de estalactitas y estalagmitas normales, el techo de la sala principal de la cueva está literalmente cubierto de cristales con formas retorcidas y espinosas, que parecen desafiar las leyes de la gravedad. Un poco como un arrecife de coral, pero en el techo de una cueva… ¡Es bastante impresionante!…
Tras nuestro paseo subterráneo, nos instalamos no muy lejos de la cueva, en las primeras estribaciones de la Cordillera Cantábrica. Desde nuestro promontorio teníamos una vista panorámica de los Picos de Europa por un lado (con mucha imaginación en aquel momento, ya que unas nubes lo tapaban todo), y del océano y la costa de San Vicente de la Barquera, por el otro. La ventaja de esta región es que las primeras montañas están tan cerca del océano que sólo se necesitan unos quince kilómetros para ganar 500 m de altitud y tener una vista panorámica inmejorable. En algunos lugares, hay tan poco espacio entre el océano y las montañas que uno se pregunta cómo pudieron construir una autopista, una carretera nacional y un ferrocarril, además de los pequeños pueblos aferrados a los acantilados. Frente a nosotros, la ría de San Vicente. Así que pasamos buena parte de la tarde contemplando la marea creciente, y viendo cómo la ría se iba llenando poco a poco. Es bastante impresionante ver cómo cambia todo el paisaje (se esperaba una marea de sólo 1,6 m, 3,2 m en total, entre marea alta y baja, pero es suficiente para llenar toda la ría). A partir de las 18h30 la marea empezó a bajar. Todo esto monitoreamos desde nuestra colina, entre dos chubascos… 😜
Por cierto, totalmente por casualidad, resulta que cuando apagamos el motor de Marvin hoy, ¡acabábamos de recorrer nuestro kilómetro 5.000 desde que salimos de Andorra! 🥳
Altamira y embalse de Alsa
Después de una noche lluviosa, el día se perfilaba… no menos húmedo. Así que decidimos continuar nuestra exploración de las cuevas de Cantabria. Pero primero paramos por la granja que teníamos un poco más abajo de nuestra colina para abastecernos de arroz con leche (al parecer, aquí es un postre bastante típico…) y queso, todo directamente del productor al consumidor ya que la Granja Cudaña produce y vende todas estas exquisidesas directamente, en una pequeña oficina entre dos establos. Una caricia a los terneros que esperaban tranquilamente su biberón, y partimos de nuevo hacia nuestra parada cultural del día: la cueva de Altamira.
Como dijimos, Cantabria es conocida por sus cuevas, muchas de las cuales contienen pinturas prehistóricas. Pero según los especialistas, la Capilla Sixtina del arte rupestre es la cueva de Altamira, cuya bóveda está literalmente cubierta de bisontes (incluido uno tumbado), caballos, ciervos y otras huellas de manos que dibujaron allí nuestros ancestros lejanos a lo largo de los 22.000 años que ocuparon la cueva, hace entre 36.500 y 13.000 años.
Pequeña aclaración, al igual que la de Lascaux, la verdadera cueva de Altamira está cerrada al público desde 1977 para proteger las pinturas, por lo que visitamos una réplica exacta de la sala principal, realizada con las mismas técnicas que las utilizadas por los pintores prehistóricos.
Entonces sí, hay que reconocer que todo se ve un poco plástico, y que probablemente la emoción no es la misma cuando sabemos que lo que estamos contemplando es una reproducción que tiene apenas 20 años, pero por otro lado, es probablemente mejor así (dada la experiencia de ayer, en la otra cueva, donde a pesar de las instrucciones de la guía y de los letreros por todas partes, la gente seguía tocando las estalactitas)… Así que rápidamente nos quedamos igualmente maravillados ante el detalle de una cabeza de caballo, el dibujo de un bisonte tumbado o el grabado aún más antiguo de un reno. Por allí pasaron generaciones de hombres prehistóricos, añadiendo sus grabados o dibujos a los que ya habían dejado sus antepasados, y haciendo de la bóveda de la sala principal de Altamira uno de los ciclos pictóricos y artísticos prehistóricos más importantes del mundo.
La “neocueva” (la reproducción) va acompañada de una pequeña exposición sobre los objetos encontrados en la cueva (además de las pinturas), así como sobre otras cuevas y pinturas rupestres de la región. Y un poco más adelante, se puede ver (de lejos) la entrada de la cueva real, pensando que llegamos 50 años tarde para tener el privilegio de poder entrar allí y que se nos ponga la piel de gallina mirando las pinturas reales a la luz de una frontal… Nos consolamos pensando que todavía nos queda la cueva de Niaux para eso (pero ¿por cuánto tiempo más?)…
El resto de nuestro día fue dedicado a cuatro compras en Carrefour y una visita a Iveco en Santander, después de pasar por una decena de estaciones de servicio para volver a inflar las ruedas traseras de Marvin. Resulta que la mayoría de los compresores de aire de las estaciones de por aquí sólo tienen una potencia de 4 o 5 bares, por lo que no sirven para los 7 bares de los neumáticos de Marvin… Afortunadamente, el taller de Iveco tenía un compresor normal, que alcanza hasta 7 bares y más…
Finalmente, para pasar el fin de semana, bajamos un poco al sur hasta el embalse de Alsa. El lugar debe ser bastante bonito, pero para decir la verdad, nuestra vista, desde que llegamos, se limita a una nube que nos envuelve y no nos deja ni siquiera ver el nivel del agua del embalse, a pocos metros de nosotros. .. A ver si el tiempo mejora durante el fin de semana y llegamos a ver el agua antes de marxar el lunes… 😜
La semana que viene, sí o sí, ¡cambiamos de país!… 😉








































































