El Arca de Noé…
Semana 7
La App del tiempo de nuestros teléfonos se ha convertido en nuestra mejor amiga… Ya ni nos planteamos movernos sin mirar, primero, si tenemos una remota posibilidad de poder salir de Marvin en un momento u otro… Y eso se aventurarnos por pistas de tierra, ¡ni pensarlo!, por lo menos estos días… Empezamos a sentirnos un poco como Noé en su arca, navegando de punto en punto para encontrar un lugar que salga del agua y poder amarrarnos allí… 🤓
Esta semana…
Salida
Llegada
Distancia
Embalse de Alsa (ES)
Maraussan (FR)
1.064 km
Estadísticas generales de la aventura hasta hoy.
Distancia total (km)
Gasoil (L)
Países visitados
6.212 km
991 L
4
El tiempo mejoró un poco durante durante la mañana del sábado, lo que nos permitió, entre dos chubascos, caminar alrededor del lago donde nos habíamos instalado a finales de la semana pasada (no es un lago muy grande… 14 km de circunferencia). El lugar es bastante bonito, pero el viento y las temperaturas gélidas (¡esta mañana el lago humeaba de tanto frío! 🥶) no invitaban mucho a largos paseos. Además, el domingo por la mañana, la gente del pueblo un poco más abajo tuvo la buena idea de organizar una carrera de BTT que pasaba justo delante del lugar donde habíamos aparcado… Demasiada interacción social para nosotros, así que decidimos salir antes de lo previsto, y aprovechar el domingo para ir a visitar una última cueva (la última por ahora… 😅). Salimos de Cantabria (haciendo una foto del cartel que se nos había escapado en la entrada) y regresamos por una mañana a Castilla y León para llegar a la Ermitaña de San Tirso y San Bernabé. Antes pasamos muy cerca del nacimiento del Ebro, el pobre río que, antes de atravesar toda España para desembocar en el Mediterráneo en el sur de Cataluña, sólo recorre 9 km antes de encontrar su primera (e inmensa) represa… la primera de una larga serie…
Ojo Guareña
La Ermita de San Tirse y San Bernabé es una de esas capillas construidas en una cueva natural cuyos sacerdotes tuvieron un día la idea de bloquear la entrada con una iglesia… De hecho, la ermita forma parte de un complejo kárstico de más de 100 km de galerías, excavadas por el río Guareña, que da nombre al Monumento Natural Ojo Guareña. La cueva se puede visitar y, tras una breve introducción, llegamos a dos grandes pilas de piedra que recogen cada gota que cae de una estalactita, estratégicamente situada justo encima. Según la leyenda, el agua de la cueva es mágica y quien se frote los ojos con ella, según la versión moderna, se curará de todas las dolencias oculares (incluidas las lentes de contacto), y según la versión más antigua, conseguirá el poder de ver el presente y el pasado, pero no el futuro. En cambio, esta persona ya no podrá salir de la cueva, y su don de visión será entonces su único contacto con el mundo exterior… La moraleja de la historia resume un poco el espíritu de la cueva: a veces, es mejor perseguir un sueño que lograrlo…
Leyendas aparte, la cueva de Ojo Guareña ha albergado a muchas generaciones de nuestros antepasados, como lo demuestra el cráneo de una niña descubierto en el fondo de un túnel de la cueva y que data del… ¡Neandertal (hace -40.000 años)!… Otro descubrimiento fue el de un cráneo de alrededor del año 900, trepanado post-mortem para dibujarle una cruz en la frente. Aún no se sabe cómo murió este hombre, ni por qué, tras su muerte, le dibujaron una cruz en el cráneo, y aún quedan muchos huesos en la cueva en la misma situación…
Los últimos en utilizar la cueva fueron los sacerdotes, que construyeron allí una ermita dedicada a San Tirso y San Bernabé. La particularidad de esta ermita es que su bóveda está íntegramente cubierta con pinturas que representan los diferentes martirios de San Tirso (10 en total), así como los milagros que supuestamente realizó. Los dibujos tienen el estilo típico de la Edad Media, como los que se encuentran en libros de la misma época. La atmósfera, temperatura y humedad constantes de la cueva han hecho que se encuentren en un estado de conservación excepcional, y que aún se pueda utilizar a la ermita, unas cuantas veces al año, para celebrar misas o bodas…
Curiosamente, las pequeñas aldeas alrededor de Ojo Gureña están organizadas en una especie de “mancomunidad de comunas” y, tradicionalmente, las reuniones del consejo municipal se celebraban primero bajo un roble “sagrado” (todavía visible encima de la cueva), y más tarde en una pequeña cavidad de la cueva, justo al lado de la ermita. Esta última también se utilizaba para guardar los archivos municipales en un armario de piedra, en la parte trasera de la capilla (probablemente también por las mismas razones de condiciones ideales de conservación)…
Tras esta última cueva por el momento, nos dirigimos hacia el País Vasco, y más concretamente hacia su capital: Vitoria-Gasteiz (y no, la capital del País Vasco no es Bilbao, como tampoco Nueva York es la de Estados Unidos o Sídney la de Australia… 🤓). ¡Ahhh! Las estrechas y sinuosas carreteras del País Vasco… Casi las habíamos olvidado desde nuestra gira por los Pirineos… 😜
En lugar del casco antiguo, que ya conocemos, optamos por visitar el Parque Provincial de Garaio, un sitio ornitológico de cierto interés ya que también es sitio Ramsar… El parque en sí está un poco demasiado “cuidado” para parecer natural, pero los responsables parecen tomarse muy en serio su etiqueta Ramsar, ya que la zona central del sitio (por deducción) está literalmente vallada para evitar cualquier contacto con los vecinos humanos y permitir que los palmípedos locales chapoteen tranquilamente… Está lejos de ser el sitio más salvaje o más bonito que hayamos encontrado hasta ahora, pero por una noche, ¡sirvió!…
Pamplona y Saint Martin d’Arrossa (Francia)
Antes de dejar España y entrar en Francia, decidimos hacer una última parada gastronómica para saborear unos de los famosos pinxos vascos (y navarros). Pamplona nos pareció una buena opción para esto, en el camino hacia Roncevalles y el Puerto de Ibañeta…
Pamplona es famosa por sus fiestas de San Fermín, donde hordas de turistas borrachos invaden las calles para correr delante de toros soltados en las mismas calles para correr detrás de los turistas… En sí, una celebración altamente intelectual, que hizo famosa Ernesto Hemingway quien, en su juventud, trabajó como periodista en Pamplona y se acordó de las fiestas de San Fermín en su novela “The Sun Also Rises” (curiosamente traducida como «Fiesta» en español…). Esto tuvo (y todavía tiene) el efecto de que un enjambre de americanos visite Pamplona cada año (a ser posible durante las fiestas de San Fermín) y muchas veces acaben en urgencias, ya sea en coma alcohólico, o corneados por un toro… (ok, ok, los accidentes no ocurren sólo a americanos, pero las estadísticas demuestran que siguen siendo ellos los que terminan, en su mayoría, en urgencias… 🤓)
Hemingway llegó a escribir: “Nunca podré hacer más de lo que Pamplona ha hecho por mí”. Y la ciudad le devuelve el cumplido ya que es difícil escapar de las múltiples estatuas de Ernest esparcidas por toda la ciudad y en sus bares (sí… fuera de su horario laboral, Ernest ya tenía la costumbre de frecuentar los bares… para escribir, por supuesto… 🙄). Seamos honestos, sin Hemingway, Pamplona y sus fiestas de San Fermín probablemente no serían tan famosas. Las casas antiguas del centro de la ciudad y el fuerte que la rodea son ciertamente bastante bonitos, pero sin duda no son suficientes para competir con las otras capitales regionales de los alrededores. Por otro lado, ¡lo que definitivamente tiene Pamplona es tradición gastronómica!… Definitivamente vale la pena probar los pinxos (el equivalente vasco de las tapas) y pasear por la ciudad buscando el mejor restaurante al que entrar. En nuestro caso fue el Gaucho, ganador de múltiples concursos de pinxos organizados por el ayuntamiento e incluso reconocido por la guía Michelin (en la categoría de pinxos, claro… 😜).
Un último café en el Café Iruña (Pamplona es Iruña en euskera), el bar favorito de Ernest, inaugurado en 1888 (y muy bien conservado por cierto), y emprendimos el camino hacia el norte para nuestros últimos kilómetros por carreteras españolas… Cruzamos los Pirineos en el puerto de Ibañeta (1.057 m), por encima de Roncesvalles, para luego llegar hacia Saint Jean Pied-de-Port. Básicamente, el camino de Santiago, pero al revés… 😜 Para esta primera noche en Francia, regresamos por encima de Saint Martin d’Arrossa, donde ya habíamos dormido durante nuestra travesía de los Pirineos. No sólo son raros los lugares salvajes para dormir en el País Vasco, sino que también nos pareció una buena manera de cerrar el círculo con un guiño a nuestra aventura del verano pasado… Es en este lugar donde pudimos ver muchos buitres, justo al lado de Marvin, y… parece confirmarse: es un muy buen lugar para ver buitres de cerca, porque un grupo de unos diez individuos acaba de llegar, a apenas veinte metros de Marvin! 😍
De los Pirineos a Toulouse…
Está lloviendo… Y cuando llueve, poco se puede hacer en términos de visitas o de fotos (además, ya no hay cuevas por aquí… 😁). Así que volvemos a poner la radio (que normalmente tenemos apagada casi todo el tiempo) para que nos apoye un poco durante todos estos kilómetros…
Salimos del País Vasco bajo las nubes. Seguimos los Pirineos hasta Pau, pero sólo pudimos contemplar unos segundos los picos nevados, entre dos enormes nubes blancas aferradas a las montañas. Subimos un poco por encima de Tarbes y finalmente tuvimos una tarde con algunos momentos de sol y sin lluvia. Pero luego, por la noche, empezó de nuevo. En la mañana, 100% de humedad en el aire. En realidad no está lloviendo, pero el aire está tan cargado de agua que parece que nos movemos dentro de una nube…
Todo está tan húmedo que ayer, intentamos pasar por una pista, al lado de un río, pero entre los charcos de agua y la arcilla mojada, Marvin empezó a resbalarse hacia un lado de la pista, y decidimos dar media vuelta antes de empantanarnos totalmente o tener que ir por un campo de trigo para conseguir un poco de aderencia… Estos días, nos tendremos que olvidar de lugares demasiado remotos y quedarnos donde el suelo todavía puede aguantar el peso de Marvin…
Así que continuamos hacia el este, cruzando el Gers (y resistiendo la llamada del foie gras), casi hasta Toulouse. De hecho, para compensar el mal tiempo, tuvimos dos días de auténticos influencers, ¡conociendo a nuestros fans! 🤣 El problema es que si el sol no vuelve pronto, entre las tartas que nos regalan y los restaurantes, ¡acabaremos obesos!… Aquí tenéis las pocas fotos que hemos podido hacer durante estos dos días sin correr el riesgo de electrocución al tocar el iPhone bajo la lluvia… 😜
PD: Para aquellos que busquen un buen restaurante al suroeste de Toulouse, la Table de Saint Lys (en Saint Lys, como su nombre indica) es muy recomendable!… Todo fue excelente, y los postres, además, muy bien presentados…
Montagne Noire
Hoy, además de la lluvia, se levantó el viento… ¡Pero une brisa agradable, eh! ¡Viento, de verdad! ¡Ese que sopla tan fuerte que tienes que abrir las puertas de Marvin con ambos brazos (tanto para abrirlas como para evitar que se arranquen una vez abiertas)! Dicho esto, probablemente ayudó a despejar un poco el cielo ya que las previsiones parecen un poco más optimistas para los próximos días…
Así que continuamos con nuestro fan tour (¡y el aumento de peso que conlleva, con todas estas cosas buenas que nos dais! ¡Gracias de nuevo! 😍). Hoy conocimos a nuestra fan número 1, la más diligente en leer nuestras aventuras, la que nunca se pierde una publicación o un video. Y como muestra de nuestra gratitud, ¡incluso pudo sentarse al volante de Marvin! ¡Ser un fiel seguidor tiene premio! 🤣
Salimos del bosque de Bouconne sin haber tenido realmente la oportunidad de visitarlo. Aún debemos reconocer que los lugareños son más valientes que nosotros, porque ellos, incluso con la lluvia, si que caminan por el bosque… con sus ponchos! Nos desviamos un poco de nuestra trayectoria para pasar por Carcassonne (sin visitar la Cité… otra vez… ), luego regresamos al norte para llegar a la Montagne Noire y al Parque Natural Regional del Alto Languedoc. Aquí nos esperaba un paisaje totalmente diferente, apenas a cincuenta kilómetros al norte de Carcasona. Un paisaje de montaña con densos bosques y cumbres redondeadas, especialmente bonito en esta época del año en la que el verde suave de los árboles de hoja caduca se mezcla con el verde más oscuro de las coníferas. Subimos al Pic de Nore para ver su antena de tele en forma de cohete espacial de Tintin, pero definitivamente el viento era demasiado fuerte para quedarnos allí más tiempo y nos refugiamos un poco más abajo para pasar la noche.
Nos instalamos en el Col de Triby, a pocos kilómetros de Mazamet, en el mismo lugar donde, en 1948, un grupo de amantes de la naturaleza, la montaña y el esquí crearon el Ski-Club de la Montagne Noire y la estación de esquí de Triby. La naturaleza ha reclamado sus derechos sobre la estación, hoy “fantasma”, y no queda nada visible de esta audaz empresa que tuvo entonces su hora de gloria. Con gran ingenio, los jóvenes locales instalaron un remonte compuesto por el motor de un camión y una cuerda que arrastraba a los esquiadores a unos 150 metros más arriba. La creación de la pista de descenso requirió casi un año de esfuerzo por parte de los voluntarios para talar árboles y arrancar tocones, pero fue un éxito: el sábado y el domingo había atascos en el aparcamiento de Triby. Incluso fue necesario decretar un sentido único para subir y bajar, e incluso se abrió un taller de fabricación de esquís de madera en Mazamet.
Los mejores esquiadores competían cada año en el Challenge de Nore, una competición que incluía un slalom y un salto con trampolín de madera. De hecho, el récord de salto establecido en 18,50 m sigue en pie… También hubo una competición de esquí de fondo, el Challenge du Roc des Loups, que computaba para el campeonato de los Pirineos. Venían de Castres e incluso de Albi para estas competiciones. La aventura terminó en 1970, la escasa capa de nieve (estamos a apenas 1.000 m de altitud) haciendo pensar que la empresa probablemente nunca sería viable… (las fotografías en blanco y negro de la antigua estación de Triby vienen de: https://www.facebook.com/triby.mazamet/.
Segunda pausa familiar…
La Montagne Noire y el Parque Natural Regional del Alto Languedoc será nuestra última etapa antes de hacer nuestra segunda pausa familiar (ésta, más larga) y prepararnos para la gran subida hacia el extremo norte… La aventura seguida en un par de semanas, el tiempo para nosotros de limpiar un poco a Marvin, apretar un par de tuercas y verificar que todo esté listo para seguir nuestro periplo !… 😉

































































