En la carretera de nuevo…
Volvemos a la aventura tras un breve descanso de dos semanas. Rumbo al norte para reencontrarnos con el Macizo Central o, más precisamente, sus estribaciones, ya que esta primera etapa nos lleva a la meseta del Larzac…
Salida
Llegada
Distancia
Maraussan (FR)
Viaduc de Millau (FR)
142 km
Estadísticas generales de la aventura hasta hoy…
Distancia total (km)
Gasoil (L)
Países visitados
6.354 km
991 L
4
Ya estamos de vuelta a la carretera, después de este pequeño descanso de dos semanas. Marvin ha sido mimado, limpiado, ordenado y engrasado, ¡y ahora está listo para la gran subida hasta el Cabo Norte!…
Primera etapa para llegar al sur del Macizo Central, y más concretamente al Parque Natural de Grands Causses y su famosa meseta del Larzac. De camino, hicimos una parada en La Couvertoirade (por recomendación de uno de nuestros fieles seguidores… 😉), un pueblo fortificado donde se cruzan varias historias: la de los Templarios que construyeron el castillo en el siglo XII, la de los Hospitalarios que, en el siglo XV, les sucedieron y encerraron la ciudad en una corona de murallas, y la del apogeo económico y demográfico del pueblo con sus hermosas residencias de los siglos XVI y XVII.
La gran suerte de La Couvertoirade es que el pueblo estuvo abandonado durante mucho tiempo, lo que le permitió permanecer poco o nada transformado. Por tanto, sigue siendo un pueblo medieval muy bien conservado, rodeado por su muralla de 12 m de altura y 400 m de longitud. Las casas de La Couvertoirade son también un concentrado de la arquitectura tradicional de los Causses, donde la piedra es el único material desde el suelo hasta el tejado. La Couvertoirade también tiene la lavogne más grande del Larzac, y la única que no es redonda, sino ovalada… Las lavognes son estas pequeñas cuencas pavimentadas que se encuentran en los causses. Fueron construidas para retener el agua de lluvia y servir como abrevadero para los rebaños. La lavogne de La Couvertoirade estaba inicialmente situada en la plaza del pueblo, que había sido convertida en un cuenco y pavimentada para concentrar el agua de lluvia en su centro. Pero después de que dos tercios de la población del pueblo (75 personas) sucumbieran a una epidemia de tifoidea, los supervivientes tomaron la sabia decisión de trasladarla justo afuera de la muralla… Otra curiosidad, el cementerio de La Couvertoirade reúne estelas circulares de piedra grabadas con todos tipos de cruces, típicas de la meseta del Larzac…
Para esta primera etapa nuestro destino era el viaducto de Millau, uno de los tres o cuatro grandes puentes emblemáticos de Francia. Éste es también el más reciente, inaugurado en diciembre de 2004. Con sus casi 2,5 km de largo y sus 343 m de altura (19 m más que la Torre Eiffel, lo que parece hacer las delicias de los lugareños ya que es la información que se encuentra con más frecuencia en todos los paneles explicativos del viaducto…), se lo debemos a Norman Foster, famoso también por haber diseñado la Torre Gherkin, en Londres (cuya forma de supositorio también inspiró a Jean Nouvel para la Torre Agbar de Barcelona), el Puente del Milenio, todavía en Londres, la Torre de Collserola, en Barcelona, la renovación del Reichtag, en Berlín, o el aeropuerto internacional de Pekín, en China.
Sin ser expertos ni especialmente amantes de la arquitectura, hay que reconocer que la obra es impresionante. Los siete pilares cónicos del puente parecen elevarse hacia el cielo, sostenidos únicamente por los tirantes que los conectan con el tablero. Sería difícil decir que el puente está integrado en el paisaje, pero hay que reconocer que tampoco destaca, como si la ligereza de sus líneas le diera una especie de fluidez, entre dos valles del causse… A diferencia de su homólogo de Garabit, un poco más al norte, el viaducto de Millau no está iluminado por la noche, pero los destellos de seguridad en lo alto de cada pilar y su color blanco son suficientes para darle una presencia fantasmal a la luz de la luna. Pero el verdadero espectáculo llega temprano en la mañana, cuando las nubes atrapadas en el valle de Millau se deslizan entre los pilares del puente. Entonces, es como si estuviera flotando sobre las nubes… Si a esto le sumamos un pequeño grupo de buitres descansando a unos cientos de metros de Marvin (lo que nos permitió probar nuestro nuevo telescopio), el lugar no es malo para despertarse en la mañana…
Hoy, hicimos un breve paseo por el causse para abastecernos de productos locales en la Ferme des Licornes d’Aphrosy, donde Marilyn nos recibió muy amablemente y nos explicó todos los detalles de cómo se crían todos los animales de su granja para maximizar su bienestar (antes de transformarlos en productos orgánicos… 😁). Hoy pasaremos nuestra segunda noche en el Larzac antes de continuar mañana un poco más al norte…





























