Llegando a la frontera…
Última semana en Francia antes de cruzar la frontera. El tiempo justo para visitar los famosos viñedos de Borgoña y sus Grand Crus, los no menos famosos viñedos de Alsacia y, entre dos chaparrones, maravillarse frente a los inmensos bosques y los espectaculares paisajes de los Vosges…
Salida
Llegada
Distancia
Étangs de Laisy (FR)
Bad Griesbach (DE)
780 km
Estadísticas generales de la aventura hasta hoy…
Distancia total (km)
Gasoil (L)
Países visitados
7.832 km
1.257 L
5
Ya no vale la pena hablar de la meteo: todo sigue igual… ¡Sigue lloviendo! Así que, una semana más, intentamos aprovechar las pocas estolas sin lluvia para caminar un poco y hacer cuatro fotos. A la hora de escribir este post, acabamos de recibir una alerta del servicio oficial de meteorología alemán anunciando fuertes lluvias prolongadas durante todo el fin de semana… ¡Alegría! 😥
Grands crus (27/05/2024)
Estábamos bastante bien al borde de nuestro lago, en Laisy. Estábamos rodeados de coipús e incluso pudimos ver a un grupo de 3 jóvenes (que aún no sabían muy bien si debían huir de los humanos o no…). Pero estar en Borgoña y no ver sus famosos viñedos no hubiera sido muy serio…
Una pequeña parada en Autun para cerrar el bucle de nuestra escapada gala y ver el teatro romano (bastante abandonado) y el “Templo de Jano”, y pusimos rumbo a Beaune, la meca de los grandes vinos, con sus hospicios y su Hôtel-Dieu. Descubrimos una pequeña ciudad encantadora, rodeada de murallas y que alberga toda una serie de edificios entre medievales y típicamente borgoñones. Evidentemente, la especialidad de Beaune y su región es la venta de grandes vinos de Borgoña, pero con sólo ver algunos precios en los escaparates, nos pusimos a pensar que una botella de Carrefour sería más que suficiente para nuestros paladares no tan sibaritas!… 😜
Para un amante del vino, la carretera entre Autun y Dijon debe ser un verdadero paraíso, porque se pasa por casi todos los pueblos cuyos nombres resuenan con grandes vinos: Meursault, Volnay, Pommard, Beaune, Aloxe-Corton, Vosne-Romanée o Corgoloin, y muchos otros, sin olvidar nuestra parada para aquella noche: Nuits-Saint George. Evidentemente, también hace falta tener una cartera sólida o un banquero muy cooperativo, pero bueno… ¡El verdadero amor no sabe de números! 🤔
Curiosamente, la región vinícola de Borgoña tiene más de 1.800 climas, oficialmente reconocidos por la UNESCO por su “valor universal excepcional” e inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial desde el 4 de julio de 2015. Nada que ver aquí con la meteo, ya que la palabra “clima” es, de hecho, el término borgoñón utilizado para referirse a un territorio vinícola. En Borgoña, un clima designa una parcela de viñedos, delimitada, nombrada y explotada por el hombre, a menudo durante un período muy largo. Cada clima tiene características geológicas, hidrométricas y de exposición particulares. En estas parcelas, los viticultores trabajan en una producción monovarietal (con un único tipo de uva), que cosechan y vinifican por separado, dando cuerpo a un vino que, naturalmente, toma el nombre del clima del que procede y que le da su personalidad única. Basta decir que buscamos la bodega de la cooperativa de Nuits-Saint George, ¡pero no la encontramos! 🤣
Triple frontera (28/05/2024)
Con unos 160 km más hacia el este, pasamos por debajo de Dijon (sin parar… seamos sinceros, la mostaza vende menos que el vino…), por encima de Dole y por debajo de Besançon para hacer una pausa en Ornans, ciudad natal de Gustave Courbet (el del sulfuroso “El Origen del Mundo”, pero también el más sobrio “Funeral en Ornans”, en el cual se pueden ver al fondo del cuadro los acantilados que rodean la ciudad).
¿Por qué Ornans? Porque mirando el mapa, después de la gran llanura que rodea Dole, la zona parecía tener un relieve más bien “cañonoso”… Y efectivamente, Ornans está atravesada por el Loue, que ha excavado la piedra caliza de los alrededores, rodeando la ciudad con acantilados verticales. Bueno, vale, no es el Gran Cañón, pero después de los paisajes llanos del este de la Côte d’or y del norte del Jura, ¡casi nos entusiasmaron los acantilados de Ornans!… 🤓
Ornans también es conocida por albergar la fábrica Alstom que fabrica los motores del TGV (el AVE francés), pero aparte de eso, seamos sinceros, la ciudad no merece un desvío. Inicialmente, teníamos previsto pasar la noche por allí, pero nos sorprendió que el ayuntamiento de Ornans decidiera prohibir cualquier forma de camping sobre el territorio municipal (a excepción de la área para autocaravanas que gestiona el mismo ayuntamiento y que cuesta 17 EUR la noche, servicios y taxa turística no incluidos). Lo mejor es que, para justificar esta prohibición, el ayuntamiento utilizó el hecho de que la zona de Ornans fue designada, en su época, sitio Natura 2000 (una red de espacios protegidos creados por la Unión Europea pero que no tuvieron nunca ningún valor de protección real). Casualmente, el ayuntamiento de Ornans redescubrió el valor de su biodiversidad y, obviamente, sintió el deseo irreprimible de protegerla. Casualmente también, considera que sólo el camping es perjudicial para las especies «altamente vulnerables» presentes en la zona. Los VTT, los coches, los parapentes o la fábrica Alstom, ellos, no tienen ningún impacto en la biodiversidad… Esta es sin duda la interpretación ornaniana del objetivo original de la red Natura 2000 de “mantener la diversidad biológica de los entornos, teniendo en cuenta las exigencias económicas, sociales, culturales y regionales en una lógica de desarrollo sostenible, y entendiendo que la conservación de las áreas protegidas y la biodiversidad también constituyen un beneficio económico a largo plazo”. A 17 € por noche más impuestos y servicios, el beneficio económico a largo plazo es bastante claro…
En definitiva, después de haber constatado con alegría que algunos municipios sí saben acordarse de su biodiversidad (cuando les interesa), fuimos a instalarnos un poco más lejos, en el territorio de otro municipio que responde al bonito nombre de “Les Premiers Sapins” (Los Primeros Abetos) y que no parece tener sitios Natura 2000… 😉 Allí, a unos treinta kilómetros de la frontera suiza (Neuchâtel) y a unos 150 de la frontera alemana (Friburgo), desde nuestro prado a un par de kilómetros del pueblo, teníamos una vista impresionante sobre las últimas ondulaciones del Jura hacia Besançon, y en dirección opuesta, sobre los paisajes típicos que conocíamos cuando estábamos en Suiza: grandes prados de hierba y enormes abetos en el borde, donde comienza el bosque. La típica postal de por aquí, en cierto modo…
Montes y balones (29/05/2024)
Salida de Les Premiers Sapins bajo las primeras gotas de lluvia en la mañana, y un viaje con un tiempo gris y lluvioso, hasta llegar a nuestro destino, en los Vosges, donde allí… ¡seguía lloviendo, para variar! 🤓
Dejamos el departamento del Doubs y atravesamos el Territorio de Belfort (el único territorio alsaciano que permaneció francés después de la derrota de 1871 y se convirtió en departamento en 1922 con el número 90) para pasar cerca de Mulhouse antes de dirigirnos hacia nuestra primera parada del día: el Gran Balón.
Es importante precisar d’entrada que en esta región, las montañas se llaman «ballons» (balones), seguramente en referencia a sus formas redondas. El Gran Balón (no confundir con el Balón de Alsacia) es un poco como la cima de todos los récords, ya que es al mismo tiempo el pico más alto de los Vosges, de la región del Gran Este, de la Comunidad Europea de Alsacia y el departamento del Alto Rin, ¡y todo eso, desde una altura de 1.424 m! Eso es todo lo que podremos decir al respecto porque, cuando empezamos a subir, rápidamente nos encontramos en las nubes, que no se movieron de allí en ningún momento… Pero al parecer (es el camarero del café donde nos refugiamos de la lluvia quien nos lo dijo), se puede ver hasta los Alpes, desde la cima del Gran Balón, cuando hace buen tiempo…
En el camino, en une curva después de un puerto y entre dos nubes, aun pudimos tomar dos o tres fotos de los otros balones de los alrededores (sólo para confirmar que la región realmente parece muy bonita). Antes de instalarnos para la noche, llegamos hasta el lago de Blanchemer, un pequeño lago rodeado por un gran y hermoso bosque, de los que al parecer hay bastantes por aquí…
Lo único que podremos explicar de Alsacia por el momento es que la gente es amable, pero hablan con un acento tan fuerte que a veces hay que concentrarse para entender lo que dicen. Es un acento encantador, un poco como un suizo alemán que intentara hablar francés. Por otro lado, todo el mundo cambia del francés al alemán sin ningún problema, como si aquí todo el mundo fuera perfectamente bilingüe…
Lagos de colores… (30/05/2024)
La noche fue un poco… ruidosa. Dormir bajo un árbol para protegerse de la lluvia es, en sí, una buena idea, pero es importante elegir el árbol adecuado… Según nuestra experiencia de anoche, es mejor una conífera (la lluvia se desliza por las acículas, que amortiguan su caída) que un árbol de hojas caducas (cuyas hojas acumulan agua hasta que ya no aguantan el peso, y luego dejan caer una gota enorme que hace mucho más ruido cuando golpea el techo de Marvin). Así que la próxima vez buscaremos una conífera, a ver si confirmamos nuestra teoría. 🤓
El tiempo mejoró un poco hoy, así que pudimos recorrer el macizo de los Vosges e incluso pudimos disfrutar de algunos rayos de sol y dos o tres bonitos panoramas sobre los valles de Munster y otros lugares famosos de los Vosges (bueno, los demás, un poco menos famosos, hay que reconocerlo… 😉).
Nuestro día se desarrolló en tres colores: los de los tres lagos por los que pasamos (sí, los lagos aquí tienen nombres de colores…), en este orden: Lago Verde, Lago Negro y Lago Blanco. Y sí, vale, es una tontería, todo el mundo lo dice y soy el primero en criticarlo, pero sí, es verdad, ¡lugares como los que vimos hoy se parecen mucho a Canadá!… Es como ridículo caracterizar los Vosges comparándolos con otra cosa, cuando se valen perfectamente por si mismos, pero está claro que pequeños lagos como estos, rodeados de bosques inmensos, parecen una postal de Canadá… Pero bueno, eso no le quita nada al encanto de los Vosges, todo el contrario…
Después de todo este ejercicio, una comida marcaire era imprescindible, por lo que seguimos las recomendaciones del sitio web del Parque Regional de los Ballons des Vosges para acercarnos a la granja Graine Johé. La comida marcaire es la especialidad del macizo de los Vosges e incluye un pastel de carne, un trozo de cerdo ahumado y patatas estofadas con tocino, cebollas, mantequilla y, a veces, vino blanco, cocinadas en un caldero de cobre sobre fuego de leña durante horas. Podemos confirmar que las patatas marcaire son realmente deliciosas (aunque no realmente recomendables para los que estén a dieta)… ☺️
Para acabar el día, sólo nos quedaba buscar un lugar donde instalarnos y, siguiendo una pista forestal, encontramos el pequeño e idílico paraje perfecto, con su pequeña parcela casi llana de hierba verde, su pequeño riachuelo al lado con “acceso privado” a una pequeña playa, su pequeño puente sobre el arroyo y su bosque de abetos majestuosos a su alrededor. El lugar perfecto salvo por un pequeño detalle: ¡no había nada de cobertura de teléfono! Así que, por una noche, fuimos “condenados” a una verdadera velada al estilo Marvin, sin conexión ninguna hasta regresar a la civilización la mañana siguiente… 🤓
Medieval o casi… (31/05/2024)
Antes de cruzar la frontera, aun nos quedaba por ver (probablemente entre muchas otras cosas) el castillo del Alto Koenigsbourg, Antes, pero, también teníamos que hacer una etapa logística (lavandería, etc.), y para ello elegimos la ciudad de Sélestat. Fue totalmente por casualidad, pero resultó ser una muy buena elección: una ciudad bonita, típicamente alsaciana y con una catedral que alberga vidrieras monumentales del siglo XV. Después de lavar nuestra ropa y comer un pretzel en el Fournil de Marcel Kientz, pusimos rumbo al castillo.
¿Qué podemos decir del Alto Koenigsbourg? El castillo es impresionante, eso es innegable. Pero las hordas de turistas, sin ningún control de número ni de sobrecarga por parte de los responsables del lugar, que se empujan en los pasillos del castillo para seguir el curso de la visita al ritmo de la manada (para no ser empujados, o incluso pisoteados por los que vienen detrás), claramente, para mí, estropeó un poco la diversión… Basta decir que mi famoso sentido de sociabilidad ha sido puesto a prueba… 😅
Aparte de eso, la visita al castillo sin duda valió la pena, aunque en la primera sala nos enteramos de que, en realidad, es un “fake”… Me explico: el castillo original (dos torres documentadas por primera vez en 1147 y que permitían controlar el camino hacia Alsacia) fueron convertidas en castillo durante la primera mitad del siglo XII por los duques de Lorena antes de ser conquistado e incendiado en 1462. Los restos del Alto Koenigsbourg fueron confiados a la familia Thierstein, quien hizo remodelar el castillo en el siglo XV, pero, ahogada por las deudas, abandonó el edificio a las destrozas del tiempo, antes de que fuera nuevamente destruido casi por completo en 1633, durante la Guerra de los Treinta Años, en la que, entre otros, los suecos se opusieron a Austria, y Alsacia fue gravemente devastada.
Aquí es donde llega la parte más jugosa de la historia. En 1871, Alsacia pasó a ser alemana y, en 1899, el emperador Guillermo II de Hohenzollern decidió reconstruir el Koesnigsbourg como símbolo de la germanidad de Alsacia y, más generalmente, del mundo germánico. Apasionado por la Edad Media y las historias de caballeros y conquistas (y con un cierto delirio de grandeza), Guillermo II encomendó la obra a un arquitecto con la misión de reconstruir el castillo tal como estaba alrededor del año 1500. Como resultado, como se explica al inicio de la visita, el Alto Koenigsbourg no es realmente un castillo medieval, sino un castillo reconstruido según la visión que teníamos en 1900 (y que todavía tenemos hoy) de cómo debería ser un castillo medieval. Básicamente, un escenario a tamaño real de una Edad Media fantasiosa… El nuevo Alto Koenigsbourg fue inaugurado en 1908, y para el “Kaiser” Guillermo II representaba el límite occidental del Imperio Alemán, como el Castillo de Marienburg hoy en Polonia, marcaba su límite oriental. El final de la historia, ya lo conocemos: dos guerras mundiales y una redefinición de fronteras después, Alsacia vuelve a ser francesa y el Alto Koenigsbourg forma parte de los palacios nacionales y pertenece al Consejo General del Bajo Rin. Sin embargo, el escudo de armas de Guillermo II sigue visible en el interior del castillo y, por lo tanto, éste sigue siendo uno de los símbolos de la presencia alemana en Alsacia entre 1871 y 1918, compartido entre la restauración, en su mayor parte creíble, hecha por el arquitecto y la visión romántica de la Edad Media de Guillermo II.
En cuanto a la frecuentación del lugar, y para no culpar sólo a mi asocialidad, el Alto Koenigsbourg es uno de los monumentos más visitados de Alsacia, con más de 550.000 visitantes al año (la mitad probablemente había decidido venir hoy… 😜).
Willkommen in Deutschland! (1/06/2024)
Y para acabar esta semana y, al mismo tiempo, el capítulo francés de esta aventura, ¡cruzamos el Rin! Estamos oficialmente en Alemania, y más concretamente en la región de la Selva Negra, en la localidad de Bad Griesbach. De momento, el tiempo sigue igual por este lado de la frontera, y acabamos de recibir una alerta del servicio meteorológico alemán por acumulación de lluvia y tormentas en las próximas 48h. Así que esperaremos a ver si las nubes nos dejan ver un poco los paisajes de por aquí, que también parecen espectaculares…




































































































































