Caso de conciencia…
Ya hablamos en un post anterior de la problemática del sobreturismo en Noruega. Los días iban pasando y, a pesar de que el país sea realmente espectacular, nos sentíamos cada vez peor frente al poco respeto de muchos vans y autocaravanas con la gente local. Así que esta semana, tomamos una decisión y cambiamos un poco los planes…
Salida
Llegada
Distancia
Lora (NO)
Storseleby (SE)
1.107 km
Estadísticas generales de la aventura hasta ahora…
Distancia total (km)
Gasoil (L)
Paises visitados
12.136 km
1.901 L
8
Después de un fin de semana en nuestro bosque, aislados del mundo y soñando con los bueyes almizcleros, decidimos finalmente volver a la civilización y, de paso, hacia la costa.
De troll en troll… (24/06/2024)
Nuestra ruta del día nos llevó hasta la localidad de Molde, a orillas del fiordo con el mismo nombre: el Moldefjorden. Pero antes pasamos por dos de los sitios más turísticos de Noruega: el Trollveggen y el Trollstigen, respectivamente la Pared del Troll Wall y el Camino del Troll.
Empecemos por el primero, el Trollvegen, que es nada menos que la pared rocosa vertical más alta de Europa, con unos 1.100 m de desnivel desde su base hasta su punto más alto. En su parte más empinada, la cresta de la cumbre sobresale de la base de la pared en casi 50 metros (es decir que la montaña tiene un ángulo cóncavo). Es bastante impresionante, visto desde abajo, aunque también cuesta un poco darse cuenta de las proporciones, dada la poca perspectiva, ya que la montaña de enfrente es casi tan vertical como la Pared del Troll…
Y como que los trolls son aparentemente muy populares en esta región, de la Pared del Troll pasamos al Camino del Troll, el Trollstigen en noruego, otro de los lugares icónicos del turismo en Noruega. Pues bueno, vale, es una carretera bastante sinuosa y empinada (un 10% de media), que acumula un desnivel de unos 700m, pero… la verdad, sin querer ir de chulos por la vida, pasamos por carreteras iguales o más empinadas cuando hicimos nuestra vuelta al Pirineo, ¿¡ei!?…
Pero bueno, seamos fairplay, la Trollstigen es LA carretera emblemática de Noruega, por donde debe pasar cualquier turista digno de ese nombre para poder decir: “Sobreviví a la Trollstigen”… El único problema es que… las 11 curvas cerradas de la famosa carretera no han sido realmente diseñadas para el turismo moderno. Cuando se construyó en 1936, se esperaba que la carretera soportara sólo unos pocos cientos de vehículos al año, la mayoría probablemente tirados por caballos. Sin embargo, en 2012, una media de 2.500 vehículos ya utilizaban la Trollstigen cada día durante el pico de la temporada turística, es decir unos 161.421 vehículos al año (la carretera está cerrada en invierno). Con el boom turístico de los últimos años, las cifras se dispararon, hasta el punto de que se cerró la vía primero a los autobuses y luego, finalmente, a todos los vehículos, desde principios de este año. Así que subimos a pie hasta el mirador, a 852m de altitud. La verdad es que para nosotros el cierre de la carretera fue una buena noticia ya que nos permitió caminar tranquilamente hasta el mirador. Francamente, y considerando el número de autobuses y autocaravanas estacionados en los aparcamientos inferior y superior, nuestra teoría es que, incluso si la razón oficial invocada es el riesgo de desprendimiento de rocas, nosotros pensamos que el alcalde de Romsdal simplemente estaba harto de tener que enviar a los servicios de emergencia o a la policía cada vez que un autobús o una autocaravana se quedaba atascado en una curva y decidió cerrar la carretera para estar tranquilo!… Además, lo hizo sin fecha de reapertura prevista (lo que parece un poco contradictorio ya que, en caso de desprendimiento de rocas, se instalan redes de protección y se sabe más o menos cuándo se podrá reabrir una carretera…). En cualquier caso, la decisión del alcalde de Romsdal nos pareció muy acertada y nos permitió dar un agradable paseo, con total tranquilidad…
Pusimos rumbo luego al pueblo de Molde, en la península que forma el Moldefjorden. Un paisaje completamente diferente al del fin de semana, con montañas escarpadas que caen en las oscuras aguas del fiordo, islas por todas partes y, en definitiva, esta imagen que uno tiene de los fiordos de Noruega… Nos instalamos en un extremo de la península, con vistas al fiordo y a las montañas aún nevadas del continente al otro lado. Una última noche junto al océano antes de regresar mañana tierra adentro…
PD: Hoy batimos un nuevo récord, el de la altitud más baja durante una etapa: -101 m (es decir, 101 m bajo el nivel del mar) en el Fannefjordtunnelen, que nos permitió llegar a Molde pasando por debajo de un fiordo…
Un paseo por la costa (25/06/2024)
Un recorrido costero, a lo largo del Océano Atlántico que, aquí, toma el nombre de Hustadvika. La costa atlántica noruega tiene la particularidad de estar muy accidentada, y no sólo por los fiordos. La parte oceánica, un poco como en Grecia, se deshace en una serie de islas cada vez más pequeñas, que acaban desapareciendo en el océano. La mayoría son demasiado pequeñas o bajas para ser habitadas (las mareas pueden ser fuertes por aquí), pero algunas más grandes tienen pequeños pueblos de pescadores o casas aisladas. En estos casos, unas líneas de ferry las conectan, como un servicio de autobús entre dos pueblos.
Pero a lo largo de la costa, entre el pueblo de Bud y la ciudad de Kristiansund, estas islas-confetis son tan numerosas que, en lugar de un ferry, el gobierno decidió construir una serie de viaductos que “saltan” de isla en isla durante unos pocos kilómetros para conectar las dos ciudades. Esta es la Carretera del Atlántico (o Atlanterhavsvegen en noruego). A lo largo de 8,5 km, la Carretera del Atlántico pasa por ocho viaductos, incluido el más importante, el Storseisundbrua, con su arco de 23 m sobre el océano. Y para terminar con estilo, al llegar a Kristiandsund, se sumerge 250 m bajo el océano en el Atlanterhavstunnelen (o Túnel del Océano Atlántico), que permite cruzar los 5,7 km del fiordo Bremsnesfjorden.
La carretera en sí es impresionante, pero aún más impresionante son los paisajes, con las nubes reflejándose en las tranquilas aguas de los fiordos y las olas del océano justo al otro lado de la carretera. Otro túnel submarino (el Freifjordtunnel, este menos profundo, sólo -130 m) y un ferry nos llevaron otra vez al continente en dirección a Trondheim, la tercera ciudad más grande del país, cerca de la cual pasamos la noche…
Caso de conciencia… (26/06/2024)
Hace unos días, cuando llegamos a Noruega, hablábamos de nuestro asombro ante tantas vans y autocaravanas por todas partes. Creo que también es apropiado aclarar algunos conceptos que se aplican a Noruega, como al resto de los países escandinavos, y que contribuyeron a nuestra decisión de hoy.
En Noruega (al igual que en Suecia o Finlandia), el libre acceso a la naturaleza es un derecho consagrado en la constitución. Incluso tiene nombre: el allemannsretten. La única condición (o casi) es respetar la propiedad privada y una distancia mínima de 150 m de cualquier casa o chalet (y no dejar rastro de su paso). En definitiva, todo bastante lógico… Por tanto, se permite la acampada libre siempre que se respeten estas normas. Lo mismo se aplica a los vehículos motorizados (vans, autocaravanas, coches, etc.). En la práctica, esto significa que somos libres de pasar la noche donde queramos, siempre que estemos al menos a 150 m de las zonas habitadas más cercanas. Los vehículos motorizados están autorizados a aparcar y pernoctar donde quieran, siempre que se mantengan en los caminos y pistas ya señalizados (es decir que uno no puede adentrarse en medio de un bosque en un 4×4 para pasar la noche entre los alces). Parece igual de lógico…
El problema es que en Noruega, debido a la orografía del país, prácticamente no hay pistas forestales. Hay carreteras, algunas atraviesan kilómetros de bosques, pero no hay caminos forestales como en otros países. El resultado es que los lugares disponibles para pasar la noche se reducen a menudo a aparcamientos más o menos salvajes, a lo largo de estas carreteras, con algunas excepciones en determinadas áreas. Esto explica por qué estos pocos sitios disponibles se llenan literalmente de vans y autocaravanas cuando llega la noche.
El lugar donde estuvimos hace dos noches, por ejemplo, era uno de esos aparcamientos, en un bonito bosque, justo al final de la península de Molde. Un lugar muy agradable donde los locales vienen a caminar, pasear a sus perros o disfrutar de una tarde de verano comiendo frente al fiordo. Estábamos solos cuando llegamos, con sólo dos coches locales aparcados allí. Cuando regresamos, después de una caminata de aproximadamente una hora, dos autocaravanas se habían aparcado y los coches locales se habían ido. Dos horas más tarde, llegó un coche con una tienda de techo y aparcó detrás de nosotros y, a la mañana siguiente, cuando nos despertamos, teníamos otra autocaravana delante de nosotros. Ya ningún coche podía entrar al aparcamiento…
Seamos claros, no pretendemos estar solos en el mundo y sabemos muy bien que en verano la gente se va de vacaciones y que nos encontraremos con muchos turistas por todas partes. Lo que nos choca sobre todo es la falta de respeto (y civismo) de la mayoría de estas autocaravanas, que en ningún momento piensan en la gente local antes de instalarse o no en algún lugar. Varias veces, hemos llegado a un aparcamiento ya ocupado por una o dos vans. En cada ocasión hemos considerado que aparcar allí, además de estas vans, sería una falta de respeto hacia los locales, que también quieren poder utilizar el aparcamiento. Pero aparentemente somos los únicos que pensamos así… Los noruegos son muy amables y nunca hemos tenido ninguna mirada de reojo ni ningún comentarios, pero eso es precisamente lo que queremos evitar respetando a la gente local y siendo lo más discretos posible, para todos aquellos que vengan a Noruega después de nosotros…
Estamos a la altura de Trondheim y, a partir de aquí, Noruega se “estrecha”, al igual que el número de carreteras que van hacia el norte. Nos quedan entre 1.500 y 2.000 kilómetros hasta el Cabo Norte, y hacer este recorrido en Noruega supondría viajar con una “manada” de autocaravanas con las que coincidiríamos en cada vez menos aparcamientos, por una carretera que, al cabo de un tiempo, será la única que llegue al Cabo Norte. Realmente, esta no es la idea que teníamos o el recuerdo que queremos tener de Noruega…
Así que hoy decidimos “migrar” a Suecia… Nuestra hipótesis es que quizás habrá menos turistas allá (ya estamos mucho más al norte que la zona turística sueca), y que ya el país no tiene fiordos, tiene más “terreno seco” y, según los mapas que consultamos, más pistas, caminos y otras posibilidades para estar un poco más aislados… Hacer una parte del viaje por Suecia también nos permitirá, de paso, ganar unos 500 km (la tierra es redonda y la proyección de los mapas a veces es engañosa…🤓). Más al norte, después de Tromsø, cruzaremos de nuevo a Noruega para los últimos cientos de kilómetros hasta el Cabo Norte…
Para nuestra primera noche en Suecia, elegimos la Tännforsen, ¡la mayor cascada del país! Bueno, en anchura sin duda, porque de alto, estamos lejos del Niágara, ei… 😜 Por lo demás, los paisajes también son preciosos de este lado de la frontera, con kilómetros y kilómetros de bosques, lagos y… todo lo que teníamos en Noruega excepto los fiordos, en realidad… 😁
Esperemos que nuestra hipótesis se confirme y podamos sentirnos más tranquilos aquí. De lo contrario, en el peor de los casos, siempre podemos cruzar la frontera en la otra dirección o probar suerte en Finlandia… 😜
La llamada del bosque… (27/06/2024)
Primera etapa 100% sueca. Para empezar bien el día, nos iniciamos a la vida sueca. Después de tomar un café junto a nuestra cascada, nos fuimos al pueblo más cercano (en este caso, la estación de esquí de Åre, una de las más conocidas de Suecia, o incluso de Escandinavia) para pasar por la bageri (la panadería) y comprar dos kanelboller (bollos de canela). Bueno, si fuéramos realmente suecos, también hubiéramos desayunado muesli, tostadas de salmón y otras cositas demasiado saludables para nuestra dieta… 😉 O nos hubiéramos tomado un café con nuestro kanelboller para hacer una fika, es decir una pausa café más pastelito, algo que a los suecos les encanta…
De allí, rumbo al Systembolaget, toda una institución en Suecia ya que es el único lugar donde se puede comprar alcohol. Los supermercados pueden vender cualquier bebida con menos de 3,5% de alcohol (básicamente, cerveza), pero todas las demás son monopolio estatal y sólo se pueden comprar en estas tiendas especiales, las Systembolaget (literalmente, las “empresas del sistema”).
Suecia tiene una relación algo complicada con el alcohol. En el siglo XIX, el alcoholismo se consideraba un problema importante en la sociedad sueca, que según se calcula, bebía unas cinco veces más que en la actualidad. A partir de 1910 apareció el llamado movimiento de abstinencia, motivado principalmente por la religión. Su objetivo era abolir pura y simplemente la destilación de alcohol para consumo propio. En lugar de una prohibición total, se llegó a un compromiso con el “sistema Bratt”, que incluía el racionamiento del alcohol y la nacionalización de su producción y venta. Aunque el racionamiento fue abolido en 1955, los puntos de venta de alcohol locales se convirtieron en una empresa estatal que todavía existe hoy: Systembolaget. El objetivo sigue siendo el mismo: controlar y reducir el consumo de alcohol. Los precios, por cierto, también van en este sentido. Es un sistema similar al que se encuentra en los demás países escandinavos, así como en Canadá.
Con la despensa llena, sólo nos quedaba repostar también a Marvin (con agua, AdBlue y gasolina), y recorrer unos 240 km hacia el noreste, lo que nos permitió descubrir las carreteras suecas (súper anchas, súper rectas y en súper buen estado), y la categoría de carreteras más “locales”, que en realidad son pistas de tierra, sin asfaltar pero tan compactas que se puede circular hasta 70 km/h (como indican las señales).
En cuanto a paisajes, la región es bastante «ondulada», a unos 400 m de altitud, y cubierta en un 99,9% por bosques… Desde lo alto de algunas colinas, se tiene la impresión de que se puede ver la mitad del país, y que ¡todo está cubierto de árboles! Las ardillas deben tener una buena vida en Suecia…
Antes de continuar nuestro viaje hacia el norte, nos instalamos para pasar la noche a orillas del Ströms vattudal, un gran lago de 146 km2, tan ramificado (y alargado) que se extiende desde la parte central de Suecia hasta la frontera con Noruega… Allí disfrutamos de un hermoso día de verano escandinavo al borde de nuestro lago (hasta 26ºC anunciados hoy, y como que los días duran 24 horas, ¡son días soleados que duran!… 🤣), antes de que las cosas vuelvan a cambiar (se espera una pequeña perturbación para el fin de semana)…
PD: Ayer, Marvin hizo un amigo en el parking de la cascada… Un camión de expedición grande con el que nos volvimos a cruzar hoy en la carretera…
El Reno Rodolfo (28/06/2024)
Si este post tuviera banda sonora, sin duda sería la canción del Reno Rodolfo. Estamos oficialmente en la parte norte de Suecia, también conocida como Laponia (Laponia sueca). Aunque Laponia se asocia más a menudo con Finlandia, en realidad se extiende a Noruega, Suecia y Finlandia, así como a la península rusa de Kola. Es la tierra de los Sámi, uno de los últimos pueblos indígenas seminómadas de Europa, y también es la tierra de los renos, ya que la relación entre los primeros y los últimos es de larga historia…
Pero empecemos por el principio. Pasamos los dos últimos días bajo un hermoso sol, con temperaturas cercanas a los 27ºC. ¡Pero eso, por aquí, se paga caro! Agua por todos lados y dos días de calor, y… ¡los mosquitos y otros bichos voladores o reptantes literalmente se multiplicaron! Las mosquiteras de Marvin aguantan, pero podemos renunciar a las noches bajo las estrellas, a orillas de un lago (bueno, de todos modos, ya que estamos muy cerca del círculo polar y es de día las 24 horas, no hay estrellas… 🤓). La ventaja es que nuestra trampa fotográfica funciona todo el tiempo sin infrarrojos, y por lo tanto, tenemos fotos en color sea cual sea la hora del día o de la noche, como esta liebre que pasó justo delante de la cámara, anoche… Sin embargo, ni rastro del alce que había dejado su huella en el barro, justo al lado de donde estábamos…
Ayer, mientras mirábamos el mapa para preparar nuestra etapa de hoy, encontramos un lugar donde, al parecer, hay bastante osos pardos… ¡Eso fue todo lo que hizo falta para convencernos de que éste era el lugar ideal para quedarnos! 😁
Así que aquí estamos, 200 km más al norte, en Laponia, al lado de un pequeño río que en realidad tiene todos los números para que vivan osos por aquí. Todo perfecto, y en la foto lo único que faltan son ellos! 😜
Como dijimos, Laponia es la tierra de los Sámi. También es territorio de renos ya que unos no existen sin los otros. En Suecia, hay aproximadamente 25.000 Sámi (88.000 en toda Laponia. En realidad, para ser completamente correctos, deberíamos decir Sápmi para designar la región donde viven los Sámi, siendo el término “Laponia” considerado ofensivo porque está vinculado con la “colonización”). Viven principalmente del pastoreo de renos y también de los beneficios que sacan de la naturaleza. Caza, pesca y tradiciones, en cierto modo. El caso es que, según la página oficial del Ministerio de Turismo sueco, salir de Laponia sin haber visto un reno es casi imposible, ¡ya que hay más renos que habitantes en este rincón del país!
Y efectivamente, recién instalados a la orilla de nuestro pequeño río, ¡no fue un oso el que vino a visitarnos sino un reno!… Bueno, vale, con la emoción del momento, y el tiempo de abrir la mosquitera para intentar tomar una foto, se había ido tan rápido como había llegado… 😁
Sin duda veremos otros, dado que la Laponia sueca tiene 240.000 km² y que la recorreremos hasta la frontera norte del país. Y como anécdota del día, los Sámi son uno de los últimos pueblos indígenas seminómadas de Europa. Las familias siguen a sus rebaños de renos y, por tanto, se desplazan de las montañas (en verano) a los valles (en invierno), y viceversa. Un modo de vida muy amenazado ya que, además del desarrollo económico y el consiguiente sedentarismo, los Sámi también tienen que hacer frente a un enemigo más insidioso: el cambio climático y sus dramáticas consecuencias sobre las temperaturas invernales. Los sucesivos calentamientos y enfriamientos destruyen el suelo y favorecen la aparición de gruesas capas de hielo que impiden a los renos cavar en la nieve para alimentarse. Por lo tanto, los Sámi deben encontrar nuevos recursos e incluso cavan el suelo ellos mismos, en lugar de sus renos. No es realmente la técnica más viable a largo plazo… Desafortunadamente, no existe una solución para que los Sámi puedan sobrevivir, al ritmo actual de nuestras emisiones de carbono… Dentro de unos años, sin duda los veremos en tiendas de souvenirs o «granjas de renos», donde los turistas vendrán a tomarse un selfie con un reno o un Sámi en vestido tradicional antes de irse sin saber realmente nada de que hace unos años, este pueblo todavía era uno de los últimos pueblos nómadas de Europa…
Safari en Laponia… (29/06/2024)
La página web del Ministerio de Turismo de Suecia dice que la mejor manera de ver un alce es desde un coche, ya que es más probable que se los vea cerca de las carreteras. ¡Hoy podemos confirmar que es verdad! De todos los animales emblemáticos de Escandinavia todavía nos faltaba el alce, pero aquí estamos, ¡lo logramos! Y fue precisamente al lado de la carretera donde vimos nuestros 5 ejemplares de hoy…
Eso sí, para las fotos tendremos que contentarnos con lo que encontremos en internet, porque… como también dice la página web del Ministerio de Turismo, los alces son súper discretos, y ni tan solo tuvimos tiempo de darnos cuenta de que estábamos viendo uno que ¡ya se había metido en el bosque!… 😁
Nuestra etapa de hoy estuvo marcada por bastantes avistamientos de fauna. Parece que después del calor de los últimos dos días, el frescor de hoy empujó a los animales afuera… Después de nuestros dos alces al borde de la carretera, un poco más lejos, una mamá perdiz nival esperaba pacientemente a que su cría cruzara, justo allí, en la otra fila, a pocos centímetros de las ruedas de Marvin… Aquí también, a 80 km/h, imposible parar para hacer fotos. ¡Aún feliz de que el polluelo no haya pasado bajo las ruedas!… Y luego, en los últimos 10 km de pista para llegar a la orilla del lago donde estamos instalados, más alces, en un claro… En resumen, ¡Un verdadero safari en Laponia!…
También hicimos una parada en el supermercado de Storuman, el «gran» pueblo local y, de casualidad, nos topamos con una fiesta en el pueblo, con sus atracciones, sus puestos de bocadillos y su mini-mercado de productos locales, sin olvidarnos de una mini-exposición de coches americanos antiguos. En realidad, pensándolo bien, los pueblos y la gente de aquí son bastante similares a los de zonas más remotas de Estados Unidos o Canadá. Los pueblos funcionan más como comunidades, reuniéndose en la iglesia los domingos o durante fiestas como la de Storuman hoy. Hay que decir que dadas las distancias entre ciudades, es mejor poder contar con tu comunidad en caso de algún problema…
La actitud de la gente recuerda también a la de los pueblos aislados de América del Norte, con esa apariencia de leñadores toscos, con una gorra permanente en la cabeza y zapatos de caminar siempre puestos. Dos puestos de la fiesta de Storuman eran de un concesionario de quads y el otro de una tienda de trajes de neopreno, que había instalado un acuario gigante con truchas dentro para que los compradores potenciales pudieran probar sus productos… En el camino, también vemos una gran proporción de pickups (y bastantes marcas americanas, de hecho), y muchas casas también tienen camiones viejos o enormes tractores aparcados al lado. Es un poco el espíritu pionero, tal vez, que hace que cuando vives por aquí, más te vale estar equipado y preparado para vivir en autosuficiencia, y al mismo tiempo, contribuir a tu comunidad para el dia que la necesites…
En este universo «hipermasculinizado», con chicos que parecen recién salidos del bosque donde pasaron el día talando árboles (o matando alces), delante de los supermercados, hemos visto varias veces camionetas con el maletero abierto y llenas hasta el techo de latas de cerveza. De hecho, uno de las atracciones de la fiesta de Storuman esta mañana era una pulseada en el remolque de un camión transformado en escenario para la ocasión. En sí, nada muy diferente de las competiciones de fuerza que organizan los vascos o los escoceses, pero en Storuman, los dos oponentes debían tener, como máximo, ¡10 años! ¡Se empieza temprano a formar a los futuros pioneros, en Laponia!… 😁
Todo esto no es, en ningún caso, una crítica, sino sólo una reflexión sobre el hecho de que, bajo estas latitudes, la vida es sin duda menos fácil que en el centro de Estocolmo, y que todo esto se refleja en la forma de vivir de la gente. El espíritu pionero que hace recular fronteras y conquistar nuevos territorios, de alguna manera…
























































































































