De vuelta en la costa…
Una semana paseando por la costa oeste de Estonia, a lo largo del Mar Báltico. Para variar un poco del continente, hemos «saltado» a la isla de Saaremaa antes de seguir nuestro viaje hacia el sur..
Salida
Llegada
Distancia
Karjamaa (EE)
Sörve tuletorn (EE)
746 km
Estadísticas generales de la aventura hasta ahora…
Distancia total (km)
Gasoil (L)
Paises visitados
17.132 km
2.650 L
10
Nuestro fin de semana en la orilla del lago Peipsi fue bastante tranquilo. Como preveía la meteo, tuvimos todos los tipos de tiempo posible (aparte de nieve, tal vez), lo que nos permitió admirar el lago bajo el sol, con y sin viento, con grandes nubes de tormenta en el horizonte o incluso, sin horizonte, cuando la lluvia estaba tan cerca que se podía sentir el sople de los aguaceros a punto de llegar.
Regreso hacia el oeste… (4/08/2024)
Intentamos investigar un poco sobre los famosos peces muertos a lo largo de la orilla (cada vez que íbamos a la playa llegaban nuevos). Buscando en la prensa estonia en internet, encontramos un artículo del verano pasado que explicaba que los lagos estonios (incluido el lago Peipsi) se habían visto afectados por una falta de oxígeno y un aumento de la temperatura del agua debido al calor, lo que provocó una alta mortandad de peces, que fueron arrastrados a las orillas de los lagos. Pensamos que probablemente era el mismo fenómeno que estaba ocurriendo este año. Ya que el lago Peipsi es tan poco profundo, en cuanto haga un poco de calor, el agua debe calentarse rápidamente, perder oxígeno y las especies de peces más sensibles no sobreviven… No hemos encontrado ningún artículo de prensa de este año, pero quizás estemos sólo en el comienzo del fenómeno…
En la mañana, volvimos a la carretera y, dado que estábamos a sólo 16 km y que allí había un pueblo y una bonita iglesia, obviamente fuimos a ver la frontera rusa… Es el río Narva que marca el límite de Estonia en este punto. La carretera llega al pequeño pueblo pesquero de Vasknarva, al borde del lago, donde hasta hace unos años había un ferry para cruzar el río y entrar en Rusia. Obviamente, el ferry ya no existe y queda estrictamente prohibido cruzar el río para cualquier barco. Del lado estonio, en medio del pueblo salpicado de postes numerados que indican la zona fronteriza, hay una torre de vigilancia y un radar (como los que vigilan los barcos en el mar). Del lado ruso, unas cuantas casas y un enorme mástil con una enorme bandera, para indicar claramente a quien quiera intentarlo que cruzar el río será bajo su propia responsabilidad…
A diferencia de Finlandia, en Estonia no hay zona de seguridad. Se puede llegar hasta la orilla del río (donde también se encuentran las ruinas de un antiguo castillo medieval), y Rusia está justo allí, al otro lado, a apenas 100 o 150 m… Por otro lado, está prohibido utilizar drones, y puede que sea coincidencia, pero aproximadamente 1 km antes de llegar al pueblo, el GPS de Marvin empezó a “perderse” y luego ya no indicaba ninguna posición. Todo volvió a la normalidad tan pronto como nos alejamos de la frontera…
Esto es probablemente lo más cerca que podremos estar de Rusia y, francamente, desde la orilla del río Narva, parecía un poco ridícula esta idea de delimitarlo todo con fronteras. De hecho, los ancianos que charlaban allí, en un banco, frente a su huerto, hablaban ruso entre ellos, aunque sin duda tenían pasaporte estonio. Algunos verán restos de un pasado aún reciente, pero nosotros preferimos verlo como una prueba de que las fronteras son, en última instancia, líneas simbólicas que sólo tienen el valor que queremos darles…
Con estas reflexiones filosóficas retomamos nuestro viaje hacia el oeste. El interior de Estonia no tiene mucho interés en cuanto a paisajes. Sólo campos, campos y más campos… Maíz, trigo, patatas y forrajes, todo salpicado de algunos setos y arboledas, para hacerlo todo un poco más bonito. Y luego, de vez en cuando, queda algún bosque que, por una razón u otra, todavía resiste el avance agrícola como un pequeño pueblo galo frente a las legiones romanas… Es en uno de estos bosques que nos instalamos para la noche. Estábamos cerca de uno de estos sitios de RMK de los que os hablábamos en un post anterior, pero esta vez preferimos seguir un poco el sendero y encontrar un lugar más aislado, en pleno bosque, donde nada más llegar ¡encontramos rebozuelos! Sólo queda decidir si confiamos en nuestra capacidad de identificación de hongos o si vamos a lo seguro… 😜
Desde lo alto de los acantilados (5/08/2024)
Salimos de nuestro bonito bosque en la mañana, cuando el sol comenzaba a deslizarse entre los árboles. Apenas hacía 12ºC… Ahora sabemos que, si hace demasiado calor en la costa, basta con volver hacia el interior para estar un poco más frescos… 😉
Al final fuimos un poco cobardes y preferimos no comernos nuestros rebozuelos… Los dejamos en el bosque para el siguiente que pase por allí… Con arándanos todavía nos arriesgamos, pero las setas dan un poco de miedo cuando uno no las conoce…
La etapa del día nos llevó de nuevo a la costa del mar Báltico, esta vez a unos cincuenta kilómetros al oeste de Tallin. Volvimos un poco sobre nuestros pasos, pero es que en nuestro itinerario inicial habíamos pasado por alto los acantilados que se encuentran en esta parte de la costa. Bueno, no es Bonifacio ni la Costa de Ópalo, pero en un país cuyo pico más alto sólo alcanza los 318 m, ¡cualquier relieve es destacable! 😜
Además, para ser honestos, sólo tienen 25 m de altura en su punto más alto, pero los acantilados de Türisalu y Pakri son igualmente impresionantes cuando uno se acerca al borde y ve el mar abajo, así, sin barrera protectora ni señal de advertencia del «pequeño escalón» de 25 m entre la tierra y el agua… 🤓
Al final de la península de Pakri se encuentra el faro del mismo nombre. Al igual que en Dinamarca, la costa estonia se deshace bajo los ataques del océano, y el faro original de Pakri no es hoy más que una base de piedra en equilibrio sobre los últimos centímetros de acantilado que aún lo sostienen. A diferencia del de Dinamarca que había sido trasladado, el faro de Pakri fue derrumbado (hasta el primer piso de su base) y reconstruido a 80 m de distancia en una versión más moderna y, admitámoslo, un poco menos estética… Puede que sea el faro más alto de Estonia (52 m de altura), pero quizás con una buena mano de pintura quedaría un poquito menos feo… 🤣
Todos los acantilados se están desmoronando poco a poco, aquí como en otros lugares, y si nos quedamos no lejos del faro, tomamos la precaución de dejar cinco o diez metros de margen entre Marvin y el acantilado, por si acaso. En cualquier caso, eso no cambia nada de la vista que tuvimos aquel día: las dos pequeñas islas de Pakri justo delante (de hecho, sólo vemos la primera, que esconde la segunda…) y el vasto océano justo al lado, a la derecha, con Estocolmo y Suecia como único horizonte, pero un poco lejos para que podamos verlos desde aquí… 😉
No muy lejos de nosotros, el RMK ha instalado una escalera que permite bajar hasta el pie del acantilado. Realmente no hay playa ni nada parecido, pero permite cambiar de perspectiva y darse cuenta de que efectivamente, la parte baja del acantilado no es más que un montón de rocas más o menos grandes que se han desprendido de la pared. También encontramos dos focas muertas, una en el agua y la otra varada al pie del acantilado. Basta decir que el lugar no invita realmente a nadar… 😜
En una isla bajo el sol… (6/08/2024)
La costa oeste de Estonia tiene algunas islas, tres o cuatro de las cuales más importantes (en términos de tamaño). Es en dos de estas islas, Muhu y Saaremaa, donde pasaremos los próximos días, sólo para cambiar un poco del continente y comprobar si las playas son más acogedoras y los atardeceres más bonitos cuando uno se aleja un poco de la costa…
La etapa d’aquel día nos llevó hasta Virtsu desde donde, después de menos de 30 minutos en un ferry, desembarcábamos en la isla de Muhu, unida a su gran vecina la isla de Saaremaa por una estrecha franja de tierra, pero separada del resto de Estonia por un pequeño brazo del mar Báltico: el estrecho de Suur (al menos, en verano, ya que en invierno, una carretera sobre el hielo conecta la isla con el continente, sin necesidad de ferry)…
Lo que más llama la atención al llegar en Muhu es que todo parece tranquilo. Las casas son bonitas, con césped cortado al milímetro y flores por todas partes, las señales son de madera grabada e incluso los puertos pesqueros parecen haber sido ordenados y limpiados (quizás la presencia de un “hotel boutique” con vistas al mar justo al lado también tuvo algo que ver… 🤔). Según la página web oficial, Muhu es la isla donde el tiempo mismo descansa. Este es sin duda un eslogan apropiado…
Pasamos por el museo de Muhu para conocer un poco más sobre la isla. El lugar es en realidad un pueblo muy pequeño, Koguva, conservado como todos estaban a principios del siglo XX. También es el lugar de nacimiento de Juhan Smuul, escritor y periodista estonio cuya casa familiar ha sido incorporada al museo. Aparte de los tejados de paja, no hay mucha diferencia con las casas tradicionales andorranas, pero el lugar sigue siendo bonito e interesante. Lo más curioso fue sin duda dos mapas colgados en la pared de una vieja escuela: Rusia y la costa báltica tal como eran a principios del siglo XX. Digamos que las cosas han cambiado un poco desde entonces…
Después de esto, vinimos a instalarnos a la orilla del agua, en la playa de Oosaare, donde trabajamos en nuestra integración practicando la actividad favorita de los habitantes de Muhu: sentarse y relajarse frente al mar… 😜
Robinsones (7/08/2024)
La puesta de sol de la noche anterior sobre los cañaverales de Muhu no estuvo nada mal. Además, para aprovechar nuestra posición privilegiada, subimos a la terraza de Marvin para tomar un pequeño aperitivo frente al mar y al sol poniente… Nada mal, os decimos… 😉
Y en la mañana, antes de dejar Muhu para pasarnos a su hermana mayor, Saaremaa, nos desviamos un poco hacia la panadería que habíamos encontrado la noche anterior gracias a la página visitestonia.com (¡la primera que encontramos desde que salimos de Tallin!…). La especialidad de la isla es el Leib, un pan negro con textura de pan de jengibre. Aun estaba caliente cuando lo compramos y… ¡estaba realmente delicioso! 😜 También compramos un cake de plátano y bollos de canela, y aunque no sean la especialidad de la isla, ¡también estaban riquísimos! ¡Ni vale la pena precisar que tenemos una parada obligatoria a la vuelta, antes de coger el ferry de regreso al continente!…
Después de esta parada gastronómica, rumbo a Saaremaa, conectada con Muhu por un dique de uno o dos kilómetros. Las dos islas son bastante similares, excepto en su tamaño (Saaremaa es mucho más grande que Muhu) y en la arquitectura de las casas (en Saaremaa vimos muchas casas de briquetas grises). Los paisajes, sí que son bastante similares en las dos islas…
La particularidad de Saaremaa, además de ser la isla más grande de Estonia con 2.673 km2, es que la isla fue impactada por nueve meteoritos hace relativamente poco tiempo. Bueno, igual estamos hablando de 1530-1450 a. C., pero eso los convierte en unos de los impactos de meteoritos más recientes, y casi los únicos (con otros dos más) que cayeron en un área habitada (bueno, vale, en aquel entonces, tampoco debía haber mucha gente en el pueblo de Kaali, pero aun así…). El mayor de los cráteres mide 110 m de diámetro y tiende a acumular agua de lluvia, formando un pequeño “lago”. Los científicos estimaron que el meteoro tenía una velocidad de impacto de 10 a 20 km/s y una masa de 20 a 80 toneladas. A una altitud de entre 5 y 10 km y con la fricción atmosférica, se rompió en nueve pedazos, y el fragmento más grande produjo el cráter principal, con una profundidad de 22 m. Hay que admitir que, sin la explicación de los diferentes carteles en el lugar, hubiéramos tenido la impresión de estar ante un gran charco de agua un poco más profundo de lo normal, pero cuando uno sabe lo que está mirando, es bastante impresionante imaginar que fue un meteorito el que provocó todo esto…
Luego, pusimos rumbo al noroeste de la isla y a la playa de Kuriku, una gran franja de guijarros que recorre todo el litoral de una pequeña península que sale hacia el norte. El lugar es bastante espectacular: el bosque de pinos llega hasta unos veinte metros del agua, y el resto es una larga playa de guijarros en la que nos instalamos con Marvin, justo entre los árboles y el mar Báltico. Nos sentíamos un poco como Robinson Crusoe en nuestra punta de península. Estábamos solos en el mundo, con sólo un grupo de charranes árticos pescando frente a nosotros y algunos cormoranes y gaviotas descansando perezosamente sobre las grandes rocas que sobresalían del agua. El único problema era que llevávamos unos días sin abastecernos de agua, pero logramos racionarnos para poder quedarnos dos días allí, en este lugar tan espectacular!…
Un poco corto (de 50 m no más)… (9/08/2024)
Después de dos días completamente solos en el mundo en nuestra playa de guijarros, justo al borde del bosque, tuvimos que volver a la realidad. Aprovechamos nuestra soledad, hicimos una fogata para calentarnos cuando cayó la noche, caminamos por la playa, pero bueno, si llegamos hasta el final de la isla de Saaremaa, era también para ver el faro de Kiipsaare, en el Parque Nacional de Vilsandi. Así que esta mañana, volvimos a la carretera para recorrer los 15 km de pista (muy) polvorienta que nos separaban de la entrada del Parque Nacional (los vehículos a motor están prohibidos dentro del parque).
El Parque de Vilsandi es un parque costero-marino (es decir que su importancia radica más en los ecosistemas marinos y dunares que protege que en el pinar que ocupa el centro de la península). Era al final de esta península donde queríamos ir, ya que allí se encuentra el faro de Kiipsaare.
Fue en 1933 cuando se completó la construcción de este faro de 25 m de altura, destinado a guiar a los barcos a lo largo de la costa norte de la isla de Saaremaa. Sin embargo, como las corrientes marinas son como son y la arena no es conocida por su resistencia a las corrientes, el faro de Kiipsaare, que entonces se situaba a 150 m tierra adentro, rápidamente se encontró con los pies en el agua y luego con las rodillas en el agua, ya que hoy está a 50 m dentro del mar! La base sobre la que se asienta el faro también resultó dañada por las tormentas y las corrientes, hasta el punto de que rápidamente el faro empezó a inclinarse. Su generador fue retirado por motivos de seguridad en 1992 y el faro de Kiipsaare permaneció en los archivos como punto de referencia hasta 2009, conocido como la Torre de Pisa de Estonia, antes de ser completamente abandonado. Irónicamente, las mismas tormentas que lo habían inclinado también lo devolvieron un poco más a su posición vertical unos años más tarde, pero para entonces ya había sido descatalogado…
Luego pusimos rumbo al extremo sur de la isla, otra península al final de la cual pasamos la noche, muy cerca de otro faro, el de Sörve. Este todavía tiene los pies en la tierra y sigue en funcionamiento, marcando el extremo sur de la isla y el norte del estrecho de Irbe, la principal salida del golfo de Riga (y por tanto de Letonia) al mar Báltico, a apenas 27 km de aquí en línea recta. Si hubiera un ferry llegaríamos más rápido a Riga pasando por aquí, pero… tendremos que hacerlo por carretera y volver al continente antes de bajar a Letonia… Pero ese será el tema de otra publicación, en unos días más… 😉
Para una pequeña anécdota, desde nuestra llegada a Estonia, hemos visto bastantes focas varadas en las playas (una por día, en promedio). Hoy, después de encontrar otra, preguntamos en la oficina de turismo local por qué veíamos tantas. La respuesta es que las focas quedan atrapadas en las redes de los pescadores y se ahogan (las focas, al ser mamíferos, necesitan aire para respirar, al igual que nosotros). Por eso, los pescadores los arrojan al agua cuando recogen sus redes, y las corrientes se encargan del resto, acabando las playas estonias recibiendo todos los cadáveres de focas en un estado de descomposición más o menos avanzado… Es una delicia para el gaviotas y otros carroñeros de todo tipo, pero realmente no anima a bañarse (aunque no parece molestar demasiado a los lugareños)… 🤢






























































































































